
23 de septiembre de 2016
Deseo
de NOCTURNOS 1987
Nocturno No. 20 de Federico Chopin
Soledad y espera
mojada en silencio.
Tras un brocal de piel tirita un ansia,
un candente temblor,
un deleite voraz se va escurriendo
hacia un volcán remotamente abierto.
Se pierden los contornos de la noche
bajo el tórrido galope de la sangre,
y un recuerdo de entrega desfallece
junto a la quietud brevemente alucinada.
Ladean mis tendidas azucenas
sus rosadas cimas expectantes,
en tanto ahuyentan las caricias
un contagio de ausencia.
Cálido manantial el que me habita
en la horizontal selva de la entrega;
delirio demencial de no ser mía,
y esa pasión atroz de ser contigo.
Mis huecos hormiguean con tus roces;
con tus caricias nuevas mis portales,
y se enciende en mi ser una arboleda torrencial y nocturna.
Dialoga en la sombra
un oleaje audaz que nos anega,
un continuo aguacero de palabras desnudas.
Nocturnales acentos van y llegan.
Después…
Ese dulce después de disolverse
en la humedad dolida de los huesos cansados.
Corredor entreabierto donde yacen los cuerpos prisioneros de una sed desbarrancada.
Cálido desvarío el de las venas
cuando prende tu aliento
en un rincón de mi alma.
Fecundación
de NOCTURNOS 1987
Partes,
minúsculo barco.
Partes,
remontando mis cauces.
Tuyo el viaje;
mía la espera.
Solo,
hacia los golfos de la mañana.
Bogas,
recorriendo mis costas.
Pequeña arboladura de vastas ideas meridianas.
Crsálida diminuta
errando
con tu carga de enigmas.
Mis mareas anteriores
acunan serenos aleteos.
Se reclinan en sus bordes
el signo
de todas las preguntas.
Estuario
donde viertes tus silencios;
oleaje que despierta
los poemas de mis playas.
Vienes,
pulso de paloma hacia mi arena;
tibias orillas
que esperan tu velamen.
Vas buscando
un recodo donde cante
anegada de sombra,
la infinita pequeñez del germen,
el bosquejo de un alma.
Estuario
desplegado hacia la espera,
Oleaje
donde mecen su destino las promesas.
Eres
trémulo capullo entre mis dunas,
buscando un sitio
donde anclar,
definitivo.
Tus amarras
arriban a mi puerto.
Escondida ribera solitaria
donde se abren los silencios
y palpita
en entrega
la arena empapada de la vida.
Beso
de nave y puerto.
Explosión germinal de nuestro aliento.
Conjunción apretada del encuentro
en las lindes del alba.
Ya no somos nosotros.
Ofrendamos las alas
en las costas del ayer
para crear
juntos
la vida.
Transmigración
de NOCTURNOS 1987
Nocturno No. 7 de Federico Chopin
Vengo del lugar donde se abren
los misterios promisorios del alma;
del valle original de los destinos.
Vengo del lugar donde germinan
el pulso y la palabra.
De ese espacio primigenio partí
para llegar.
hasta la cima o el abismo
del desvelo.
Guardo el secreto designio de transitar
los inconexos mundos que me habitan,
los múltiples rostros olvidados.
A través de otros cuerpos peregriné
largamente
para amar,
cincelando mis ansias,
los misteriosos recovecos del ser.
Llevo el andamio de la luz
en mi corazón
para pulir las aristas inconclusas
de mi alma.
Soy ansia y carne,
eco, latido,
canto, tristeza,
voluntad, fuego,
amor y sueño.
Soy carne y agua,
ahínco, anhelo,
elipse alada estrenando sueños
en las praderas del universo,
en las honduras del universo.
Soy sangre y pulso
camino viento,
corriente abrupta,
remanso entero
flecha y distancia sobre la huella puntual del péndulo. Jirón y herida de amanecidos sueños,
pasión de andar errante,
impenitente,
congoja de latir
y siembra alegre,
navío, timonel
y espuma suelta,
desaliento, dolor,
vuelo resuelto.
Certeza de que la muerte
no se nombra,
y la tumba es portal
y otra vez sueño.
Vuelvo adonde despuntan
los brotes encendidos del alma;
del valle donde se acuñan los desvelos;
allí donde todo se contagia de manantial.
Vuelvo al recinto de la luz,
embriagada de verbo y transparencia,
a cubrirme la frente de absoluto.
¡Oh, plenitud
de retornar
sin vestiduras
a ese lugar;
siendo otra vez
toda de luz,
diáfana,
libre,
inmaterial.
Alma
ataviada
de universo.
IV
de VIAJE A DESTIEMPO 1989
Cuando el hacha raja el arco sonoro de la canción,
cuando sazona la pólvora los suntuosos sabores de la promesa;
cuando el candado es capaz de estrangular la respiración del ramaje, cuando se lapida el perfume
y se abandonan los cuerpos a merced de las lluvias,
entonces
el alma
se recoge en un cántaro
a beber su destierro.
V
de VIAJE A DESTIEMPO 1989
¡Oh, treintenaria noche
no acabas de amanecer!
El duelo de tus estrellas imparte aún
su maldición postrera.
Luz negra y ciega mente vaciada.
Ni derribada
la sombra se liberan las mortajas.
Un pájaro de ácido sobrevuela los años.
Ruego y ácido
sus alas de quebranto.
En la primera página de los periódicos
la putrefacción con pestañas.
Y a pesar de,
y no obstante,
y desde luego,
una porfiada esperanza
asomando sus nervaduras incipientes.
Rojas gotas en el centro de las pupilas.
Densas como plomo rojo
caen
desde el vértice puñal de las pupilas
sobre las cuantiosas palabras.
¡Oh, treintenaria noche,
cómo pesa
tu bóveda de navajas al filo de la autora!
Todo es opaco en los trascuartos del inventario:
dolo,
herida,
cicatriz,
recuerdo.
XIII
de VIAJE A DESTIEMPO 1989
Hay un hálito de derrota por todas partes.
Un hálito soterrado
ululando maravillas
en la crédula fijeza de los astros.
Mira,
me crece el agua en los pies.
La baba insomne del lago
me acerca
la boca tumba de un pez insaciable.
A donde se vuelquen mis ojos
un olor a condena
tranca el espacio con la saña vertical del encierro.
Una ventisca que anonada
vence la ingenuidad del
viento madrugador y austero.
Nadie puede zafarse del grillete;
nadie evadirse de la mueca engolosinada de la abundancia;
nadie vestirse de inocencia
olvidando el olvido de los otros.
Nadie.
¿Dónde están los resquicios para rescatar la esperanza?
¿En qué sitio secreto buscar la mano que mira de frente?
Las protestas
como damas opulentas
se dejaron seducir por la guadaña del silencio.
Duda
de LUGARES, MOMENTOS E IMPLICANCIAS VARIAS 1990
¿Y si fuera verdad que con la muerte
dejasen de cantar mis ruiseñores;
y ese día de cuervos fuera el último,
no antesala o portal
sino fulmínea negación de mis raudales?
¿Si mi cuerpo tan sólo fuera eso;
perfecto mecanismo funcionando,
fibra, nervio, materia,
sin nada más adentro?
¿Si tuviera que dejar este aposento
tendido en una huesa,
como se tira algún vestido viejo
en un desván-silencio,
y no escapara de la rigidez definitiva m
i aurora en vuelo?
¿Si todas las sandalias de mi alma
no fueran más que un sueño,
y ella también –inexistente pájaro–
un burdo engaño de náufrago en desvelo?
Imagen: blocjoanpi.blogspot.com








