
25 de agosto de 2016
Las mareas
Las mareas son un arte femenino.
La seducción de un cuerpo líquido
(en variedad de texturas)
a cambio de una sonrisa tallada en luz.
Una limosna al fin y al cabo,
pero la moneda adecuada es la clave de todo.
No existe mayor absurdo
que ordenar un cubo de Rubik
cuando el caos es su forma primigenia.
No lo dudes, lee el esperanto
en el trazo de sus medias.
Las mareas (Penélope lo sabía)
son un arte femenino.
Aguardiente dulce
¿Qué hiciste con aquel copo de nieve
que te colgué del cuello?
¿Envejecieron aquellos ojos imposibles?
Te recuerdo sentándote sobre la almohada
para fumar desnuda.
Tu voz como aguardiente dulce
al otro lado de la línea.
Una despedida bordada en píxeles,
imposible de ver
a través de un velo de lágrimas.
Brindis
Un brindis por las chicas de una noche,
bajas en sodio de lágrimas.
Un brindis por sus dunas glaseadas
y su ausencia de sombras.
Un brindis por sus besos sin canciones
ni rosas de lorazepam.
Dame la llave
Aunque me muera de ganas de acariciarte y humedecerte como a un océano, no llamaré a tu puerta.
Dame la llave.
Aunque me muera de ganas de agarrarte por el pelo y ponerte mirando a la Atlántida, no llamaré a tu puerta.
Dame la llave.
Aunque me muera de ganas De dormir contigo trenzando luna y mareas, no llamaré a tu puerta.
Dame la llave.
Dos cafés
Algún día nos miraremos a través del vapor de dos cafés y discutiremos si tenía sentido o no quererte así. Había tanto desgarro que los fragmentos de pérdida, lejos de caer junto a mis huellas arraigaron, convirtiéndose en canciones. Algún día nos miraremos a través del vapor de dos cafés y te daré las gracias.
O todo lo contrario.
Escamoteo.
Admira la floritura del prestidigitador. Hay bares oscuros que cobijan los preliminares de los amantes. Justo antes del amanecer, el mago roza apenas el hombro de la dama y hace girar una carta en el aire. Todo es posible en ese instante. Sólo queda encomendarse al santo patrón de las palomas y arrojarse al vacío.
Espirales
¿Sentirías la caricia de este lápiz que ama cada contorno? ¿Podría capturar la sombra que tu cabello define con espirales? ¿Las perseidas de tu mirada? Me gustaría pedirte un relato en el que nos perdiéramos el respeto y saliéramos ganando, pero… ¿Pondría en riesgo nuestra amistad? Tu perversidad es un tesoro que acabaré desenterrando, hasta entonces te espero en la parte no cartografiada del deseo.
¿Lo notas?
Hablo de la belleza
Dicen que está sobrevalorada y no puedo estar más en desacuerdo, porque a veces, muy pocas veces, conoces a alguien que es su definición misma y comprendes que perfume, sonrisa o movimiento pueden ser matices de una misma palabra. Y sientes esa sed que sólo puede apagarse en otra boca o bajando por su vientre para devorar una orquídea bañada en miel. O meciéndote en su aliento, para descubrir, al despertar, cómo puede amanecer dos veces en una misma mañana.
Lealtad
¿Traicionaría a aquel niño, que soñaba con ser Indiana Jones y buscar tesoros bajo la faldas de sus profesoras?
¿Traicionaría a ese chico, que ignoraba cada noche el dolor de sus dedos mientras peleaba contra los acordes? ¿Traicionaría a este hombre, incapaz de aceptar un futuro menos divertido que su pasado?
No entres en el desván.
No levantes la lona que cubre el cuadro. Eso que se pudre es todo lo que no soy y nunca seré.
Romperse en granizo
Ya no postergo la felicidad.
Como quien saborea el pubis de la mujer amada, bebo de esta copa medio vacía que será granizo estallando contra el mármol. El vino más dulce siempre sabe a crepúsculo y es el final lo que otorga su valor a cada historia.
Puedo escribir los versos más tiernos en tu vientre.
Soy el capitán de tu cintura.
Rabia contra la muerte de esta luz.
Imagen: thetattoohut.com
Ricardo Carretero. COMOARTES Ediciones








