
17 de agosto de 2016
El corazón pena por la caducidad
y se entrega a ella sin rebeldía,
pero el espíritu la enfrenta con sus armas
y trata de vencerla una y otra vez
Hermann Hesse.
A cerrar círculos en el preescolar,
me enseñaron con zurda limitante;
y también a la página vuelta dar,
a seguir leyendo siempre adelante.
La piedra cuesta abajo se echó a rodar,
todos crecen, medio viven no obstante;
se pierde gente, cosas al transbordar,
siempre, sin tregua, les muerde alicante.
El tiempo que precede al extravío,
con pecho abierto y cerebro expuesto,
al espíritu mismo cala el frío.
Duermo en abonos lo aullamos a dueto,
levantarme y seguir, mi desafío,
caduco, destino perecedero.
Imagen: clocktower.org
Hugo Islas.








