
16 de julio de 2016
ESA PALABRA…
Esa palabra en la que no creemos,
llena de compromisos, controversias,
obligada manera de marcar en cada entrega
el reloj de las noches en vigilia,
de los sueños sin sueño
y de los días sin huellas.
Esa palabra que decide
esto es bueno o es malo,
eso es mío, es tuyo o de los otros;
esa, la que nos rige
y traza la frontera de los días,
esa palabra, digo, la maldita
buena o mala palabra:
la que deja su rastro, la que sella
nuestro destino y luego
sin poder traducir esa palabra
de la que no sabemos el sentido:
esa palabra en la que no creemos.
¡la decimos!
ANACRÓNICA IMAGEN DEL SIGLO XX AL XXI
Si no fuera esta máscara que soy,
yo sería ese caro juguete;
esta imagen dorada que te inventas:
maniquí de ficción.
Esta mujer que sueñas,
flota en la música que fluye
en los extremos de dos mundos
que van del minuet al danzón,
del ballet al can can, del chachachá a la salsa;
del vals al rock, al rap y al reguetón,
“del azafrán al lirio”
del taparrabo hasta la maxifalda,
en anacrónico delirio
de un lapso que pasó.
Haces de esa entelequia, un mito:
un sicodélico acertijo
en el ciberespacio de tu mente:
una droga de lujo, en fantasía de L.S.D
un fetiche de tu imaginación.
Y le das rienda suelta a tus deseos:
y dices que su cuerpo
asume el ritmo sexy
de una cantante de Broadway,
se convierte en la imagen del placer
más peligrosa que la coca,
más excitante que una cita
por Internet;
más atrayente que un modelo
de Christian Dior.
Crees que esa mujer posee
más embrujo que la bruma de Londres:
más fantasía que un ovni;
más magia que el tarot;
más seducción que las coristas
del “Moulin Rouge”.
Y esa mujer que ya no existe,
y que nunca existió, te dice: ¡gracias!
“bájate de esa nube”...
Después de ver la máscara que sueñas,
prefiero ser la máscara que soy.
EL GRAN AMOR, FIDELIDAD
Nada es más tierno que una mentira de amor...
DE LA AUTORA
Me preguntas
si pienso que en la vida
existe sólo un gran amor
–afirmo–
que sólo existe un gran amor:
–el mío–
el que siento:
mi único gran amor
que llevo dentro;
el que conservo,
para darlo y situarlo
donde quiero:
y cuando quiero
–intacto–
una vez cada vez!
Me preguntas
si yo soy fiel:
–respondo–
fidelidad humana
de quien ama el amor
y cuando ama
–es fiel–
al gran amor que lleva dentro:
y entrega
–invicto–
“una vez, cada vez”.
ZUNZÚN
El colibrí más pequeño del mundo.
Colores de mil colores
de tu boca, tierno orfebre:
zunzún libando en su fiebre
del veneno los rigores.
Herida abierta en ardores
ante un fetiche tan cruel
que hasta la locura es miel
endulzada por el juego, zunzún jugando con fuego:
¡se quemó zunzún en él!
Esa llama no logró
quemar del zunzún, el sueño
de ser el único dueño
del néctar, que al fin probó;
su espíritu retornó
a aquel remoto lugar
donde estuvo, a su pesar,
la miel que en perdido juego
no quiso quemar el fuego
y él nunca pudo libar.
Zunzún, quisiste endulzarte
con el néctar de las flores
que en tu delirio de amores
la vida alcanzó a brindarte.
Esa rosa que soñaste
con tu fuego, pudo arder
pero ella no supo ver
que con fuego, no se juega
y que se quema, en la entrega
hasta quien no sabe arder.
GIRASOLES ALADOS
Plumaje hecho de sol:
oro en vuelo y en trino,
relámpagos sonoros
despidiendo la luna
o encendiendo la tarde:
¿cantaban todos a la vez?
¿lloraban?
Girasoles de miel,
saetas enjauladas en vigilia
para que armonizaran
con mis altas mareas
y para despertar
las calladas orejas de los asnos…
¡Flotando en aleteantes notas
daban su inmensidad enarbolada!
Trovadores malditos entre rejas
donde había una novia imaginaria.
Rompiendo la frontera de los días
vienen todos a mí:
ya en el recuerdo horizontal,
más míos porque vuelan con mis alas,
cantan desde mi voz
en campanadas de sonidos yertos.
...Y siguen enjaulados, ya libres, en mi vida
pequeños mundos de amarilla pluma
latiendo con mi propio corazón
Imagen: radioemprende.com








