El verso que pende del tintero
Minuto a Minuto

8 de enero de 2016

A la musa de la poesía erótica.

!Oh  Erato! Eres el verso que pende del tintero
esperando ser transcrito entre mis dedos
mientras te escurres humedeciendo mis anhelos
y buscas encarnar la inspiración,
sabiendo que la excesiva fuerza
del húmedo vapor
es tragedia cuando no hay salida
para el orgasmo de una epifanía.

¡Oh! Erato no te puedes marchar porque ya me tienes,
eres el verso que pende del tintero
y en cada sílaba te escurres acariciándome más abajo de la piel.

Eres, alquimia sutil del lívido fuego
que transmuta en versos,
la putrefacción del cenagal de las pasiones,
donde hasta el hombre más recio se doblega ante  tus pies.

Entre las redes sutiles de tu suelo erótico,
no es necesario enjaular el húmedo aroma del eréctil fuego
que busca refugio en el claro onanismo recordando anhelos.

Basta aceptar la potencialidad de un poema
que la húmeda obscuridad oculta
para hallarte en cada letra,
fruto de una combustión donde la negación que buscan tus razones,
es tan sólo la didáctica cóncava del sexo,
diálogo de una caricia que en ese mismo instante ya se ahoga.

Con sólo  imaginarme husmeando una caricia
entre el pubis de frígidas reflexiones,
eres ¡de súbito! el recuerdo de un orgasmo
que  transcribo con flácida ortografía,
en tanto la tinta enciende la luz que se destila
entre mis sedientos dedos.

¡Oh Erato!  Eres el verso que pende del tintero,
la inspiración que fluye enmoheciendo versos,
es la fecundación evidente de un poema
que brota en el jardín de mis frenéticos delirios y su aroma.

Cada sílaba es, angiosperma evidente de un fruto que florece
la humedad  que pudre la cáscara de una semilla,
que con sólo una caricia
rompe el capullo de la flor
que ya espera sufrir
el vuelo de un  verso que  aterriza.

¡Oh Erato! Eres el verso que pende del tintero ,
donde el paisaje de un cuerpo
es sólo el recuerdo imaginado
que ya se pudre por dentro y a sutiles martillazos
derrumba, uno a uno los tabiques del muro
que anteponen las razones.

¡El furor de estas líneas  son la epopeya
que Ulises mismo nunca imaginó!
Son los versos, el caballo de Troya
que buscan  adentrarse en la  fría almohada  
hacia quien van dirigidos
para  mitigar la lejana soledad
de una máscara que esconde la fragilidad
de una amarga investidura.

¡Oh! Erato no te puedes marchar porque  ya me tienes
y en cada sílaba te escurres acariciándome más abajo de la piel,
esperando ser transcrito entre mis dedos
mientras te escurres humedeciendo mis anhelos.

¡No pretendas alejarte deshidratando un verso,
porque un poema
es tan sólo el paladar mismo
de una copa de vino,  
donde  entre más se escurra la luz y el tiempo,  
más grande es el resultado de lo añejo.

Tu aliento sobre mi oído
es la luz de esa inspiración
que mana de una lámpara votiva,
que inevitablemente,
nunca logrará extinguirse por sí misma.

Y entre eróticos paisajes,
este poema
es una simple silaba
que ya se ahoga entre tus poros.

Así, inevitablemente,
esta asfixia es fiel sello
del territorio
en que ya te has establecido.

¡Oh Erato! Eres el verso que pende del tintero
esperando ser transcrito entre mis dedos
mientras te escurres humedeciendo mis anhelos
y buscas encarnar la inspiración,
sabiendo que la excesiva fuerza del vapor
es tragedia cuando no hay salida
para el orgasmo de una epifanía.

Imagen:  themagickalpen.com

Juan Carlos Martínez P.