RASTROS DIVINOS
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olympia alberti.jpgRASTROS DIVINOS

Por: Olympia Alberti*

Un ángel ha llegado,
labios sin murmullos,
profesando besos de estrellas
a las noches de sal
en donde la única alabanza
es: crecer.
Un ángel ha llegado
para hacer su selva de cantos
en mi cabeza, y he llorado bajo la luz
de agosto, en esa hora de savia
donde ignoraba el paso de mi sombra.

Un ángel inmóvil ha gritado

para que yo hable, al fin, que dé a mis palabras

la forma de mi sueño

que me acerque a mi propio rostro

de  tornasoles cautivos.

Y del alba de agosto

de luna y de frutos claros,

he guardado la carne, la magia

de sabor poroso como una sombra.

Entonces el ángel ha puesto su mano

Sobre mi brazo, y me ha señalado

Como quien retiene al terminar.