El verdadero fin del mundo
Minuto a Minuto

07 de noviembre de 2014

Me anunciaron ayer el fin del mundo;
Me atiborraron de mentiras;
Me llenaron de miedos y terrores.
Y todo, ¿Para qué?
Para ejercer dominio sobre mí.

¿Quién está interesado en dominarme?
El que tiene en sus manos el bastón,
El que tiene el poder;
El que tiene el dinero, la riqueza
Con la que, piensa, ha de morir,
Y despedirse satisfecho,
De que pudo aplastar diez mil cabezas,
Dos millones, o media humanidad,
Si no es que a toda entera.

Puedo testificarlo: La noticia
Me lo menciona a diario.
Y cotidianamente llegan los rumores,
Informes y noticias
De que en aquel ignoto punto del planeta
Murieron diez o veinte,
Doscientos o trescientos
Infantes indigentes,
Treinta o cuarenta ancianos,
Cincuenta o cien mujeres,
Todas y todos, inocentes.

Murieron sin saber
Que delito purgaban
En el momento de morir;
Sucumbieron sabiendo únicamente,
Que habían nacido para ser felices
O al menos con derecho
De intentar disfrutar
Aunque no fuera más que un pan
En la paz de su hogar,
Sin dañar ni al vecino,
Y mucho menos al que un día
Decidió que era tiempo
De reducir las bocas que en el mundo.
Solo querían cantar,

Orar, muchas de ellas
Según sus convicciones,
Creencias, opiniones,
Doctrinas, pareceres,
Incluso ideologías.

¿Y, que ocurrió?
Sin esperarlo, ni desearlo
Sin sospecharlo, sucumbieron,
Porque los del bastón,
Bordón o báculo de mando
Decidieron que ya eran demasiados
Y que había de cortarse o recortarse
El número de bocas
Que querían alimentos.

Por eso y para eso;
Para robar y apoderarse
De lo creado por los muchos,
O por lo que el planeta
En su rotar de miles, de millones de años,
Había logrado producir,
Crear y reciclar
Para el bien de la prole
Que por su superficie,
Deambulaba en principio
Buscando únicamente
Lograr sobrevivir.
Para eso, y por eso
Surgió una casta de ambiciosos,
Sedientos e irredentos,
Que, unidos por su furia,
O tal vez su locura,
Decidieron tener,
Poseer para sí,
El planeta completo,
O si fuera posible, el Universo.

Y entre que si el planeta estalla o no,
Han decidido aniquilarnos
A los que no heredamos
Desde el claustro primario,
Llámese útero o matriz
Tendencias asesinas

Y ansias de posesión.
Por eso, y para eso
Buscan causar terror,
Para que así los hombres,
Las féminas e infantes
Se resignen a ser
Cadáveres inertes
Aceptando que ese era su “destino”:
El de morir entre estallidos,
De este volcán, del otro,
O del planeta entero.

Y mientras, los señores
De cañón y fusil,
Brindan por su gran vida,
Mientras, bajo su bota,
Se retuercen los miles de millones
De sometidos, y explotados,
De maltratados y ofendidos,
De carne de cañón y de despojo.

Este es el verdadero fin del mundo,
El que nos impusieron
Los poderosos mentirosos;
Los que un día decidieron que el planeta
Era de ellos, solo de ellos y nomás de ellos.

Ricardo Montes_de_OcaRicardo Montes de Oca ha escrito novelas, ensayos, cuentos y poesía. Ricardo ha cursado estudios profesionales en México y Rusia.