Reproche y Oración (Poema de Caridad Jacinto Hernández Hernández)
Minuto a Minuto

 

 

 

 

 
23 de enero de 2020

 

¡Tecutli ¡palmenohuanni!

Señor, mi señor, mi gran señor,

Y todas las cosas están junto a ti

Para implorarte luz en mi pensamiento

Y coraje y valor en mi corazón.

 

He sido tameme y paynani (Relevo de correo)

Hoy hoy un tequihua, embajador de mi Señor Cuauhtémoc

Mis catli otlica han llevado cargas, mensajes y negocios

A guerreros y tlatoanis,

A tecuhtin muy lejanos desde un mar hasta el otro

Y hasta mensajes de los blancos invasores;

Es por esto que conozco el sensato proceder

De mis sabios gobernantes

Y las ruines decisiones del malinche blanco que llégo.

 

¡Tloquenahuaque!

 

Sí, a ti mi señor, mi gran señor

Por quien existe todo y por quien vivo

Y se encuentran las verdades,

En ti descargo mis dudas y zozobras

Para que me muestres tus designios

Ante este caos de sangre y destrucción.

 

¿Tú trajiste a esta caterva de ladrones y asesinos?

¿Tú eres capaz de permitir sus infamias y masacres?

¿Quieres con ellos acabarnos como hormigas?

¿Quieres que nos maten con crueldad y sin defensa?

Tú bien sabes que ellos no tienen derecho

De estar aquí, ni de opinar, ni menos de mandar,

Pero en cambio mira, cómo a nuestras doncellas las infaman

Y a vuestros hijos acuchillan sin piedad.

 

¿Qué nuestras vidas y existencias no te importan como antes?

¿Acaso en lugar de amarnos y mirarnos cual tus hijos

Nos desprecias y abandonas en el mictlan?

Dime si nuestros sacrificios y ofrendas ¿No te agradan?

 

¿Por qué no hablas como antes,

Ni escucho tu consejo en mi interior?

Por ventura ¿para esto nos creaste,

O por desgracia, a ellos los proteges?

 

¡Oye bien lo que te digo, mi tlatoani refulgente!

No desoigas mis lamentos…

Los niños mueren de hambre por los blancos que llegaron,

Tus tesoros y dominios se han robado,

Nos queman los cuexcomatl con sus granos

Y a los sabios y tlatoanis, los deshonran y aprisionan.

 

¡Ipalmenohuanni!

¿Por qué cierras tus ojos y oídos?

¿Acaso no te afrenta y avergüenza

Que tus hijos sean desposeídos cruelmente asesinados?

¿Por qué no escuchas los ayes y lamentos

Del pueblo sangrante que te implora

¿Y por qué nos abandonas en desgracia?

¿Y por qué permites sus absurdas enseñanzas?

Adoran a un dios muerto que sufre vil dolor

Y no entienden que los dioses jamás podrán sufrir

Y predican con palabras el amor a todo hombre

Pero sólo es estrategia militar

Y maniobra de invasión

Pues el incauto que creyó, le pusieron soga al cuello

Y, con tlaxixtle lo hacen trabajar.

 

¡Oh gran sol, que vivificas todo ser!

Si tú no los detienes, harán de éste tu imperio

Una multitud esclavizada que jamás levante la cerviz

Y humillada vivirá por cualquier blanco que llegue.

 

¡Socórrenos señor. Socorrenos señor…

 

Autor: Caridad Jacinto Hernández Hernández.

Voz: Adriana Hernández Navarro.

 

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