La inocencia del vestido que envuelve tu figura
hace despertar pasiones por tu cintura ceñida,
tu cadera juvenil abrumadora,
que al ritmo del viento se estremece,
despierta mi inquietud por tenerte,
porque el placer de amarte quema mi carne
y mis ojos que te han visto enloquecen.
Por verte desnuda entre mis brazos daría mi sangre,
ese vestido tierno y coqueto, lleva el color rojo de pecado,
como el teñido de mi alma, tinte que llevo por penitencia.
Los pensamientos eróticos que tu cintura provocan son de fantasía,
ficción que trastorna mi mente enardecida.
*Leobardo Cruz Magariño (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es abogado y amante de la lectura y la poesía.
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