"NINFO", EL SOLDADOR DEL PUEBLO
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“NINFO”, EL SOLDADOR DEL PUEBLO

(Mochitlán, Guerrero)

Por: Erasmo Nava Espíritu*

Tu presencia en ese pueblo, solo y quieto,

era como la brisa en una playa lejana;

al recorrer esas calles

tan tranquilas y soleadas,

pasabas junto a las palmeras

con tus pasos sosegados, y tu mirada serena;

ejecutabas tu oficio

bajo la sombra de los tamarindos

y cerca de las enredaderas;

ahí, soldabas como en un túnel y despacio,

sin importarte el tiempo ni el espacio:

soldabas las sonrisas, pero también el llanto,

soldabas las palabras,

esas que lleva el viento hacia el quebranto,

soldabas el silencio, el tedio y el polvo

de las calles vacías hechas un canto.

 

Sobre tus cansados y caídos hombros:

llevabas el agobio de andar por la vida,

llevabas los silencios y el olor a huertos,

llevabas la frescura, de aquellas palmeras,

y el calor agobiante, de ese sol ardiente;

llevabas, también,

esos utensilios grises y colgantes,

y vasijas viejas, todas muy repletas:

del olor del campo y de las violetas,

de las azucenas y la flor de mango,

del carbón de leña, para el fuego lento,

del metal maleable, tendido en el tiempo,

del agua natural, clara y transparente,

y el soldador de acero, rústico y con temple.

 

Con infinito fastidio,

ante el silencio abismal,

después de soldarlo todo

y vencer al sol ardiente,

te levantabas sonriente,

cual perfecto extravagante

que lleva el mundo consigo;

después,

al volver a caminar

por esas calles soleadas,

todo en ti era un bamboleo;

por ello,

la gente que ahí pasaba,

te veía y se sonreía.

 

Sin duda,

eras un ser extraordinario:

te distinguías en tu andar,

en tu vestir habitual,

y en tu personalidad.

 

Recorría por esas calles

con huellas de bueyes mansos,

con tu camisa teñida,

y tus pantalones largos,

con tus botas desgastadas

que parecían un espanto.

 

Con ese sol tan ardiente,

y el ruido de las palmeras

renovando el ambiente,

cada sentada tuya,

era un respiro de tu alma,

y un paso más por la vida.

 

La gente del pueblo toda,

te admiraba y respetaba,

por eso en la actualidad,

tu recuerdo quedará

para la posteridad.

 

Ciudad de México, 20 de febrero de 2005

 
*Erasmo Nava Espíritu ( Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. Esta dirección de e-mail está protegida contra spam bots, necesita Javascript activado para verla
Esta dirección de e-mail está protegida contra spam bots, necesita Javascript activado para verla ) es licenciado en Economía, egresado del Instituto Politécnico Nacional, obtuvo el grado de Maestro en Ciencias en Planificación del Desarrollo Regional en el Instituto Tecnológico de Oaxaca. El presente poema forma parte del libro: Cuando los Dioses Hablan y Otros Poemas. Sabersinfin.com agradece a Erasmo Nava Espíritu la autorización para publicar el presente material.

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