
EL PERSONAJE
Por: Erasmo Nava Espíritu*
A veces me pregunto si aún estás ahí,
en esa esquina habitual, de amplias avenidas,
detenido en el tiempo, y soñando alegrías,
mostrando a los afortunados, o desafortunados transeúntes
tus penas tan atroces, y tus desagracias eternas,
vendiendo tú solo, pero con tanto fervor y amor,
aquella mercancía:
“lleve los chicles,
lleve caramelos, chicles,
lleve los chicles…”
Al venderla,
vendías parte de tu vida vacía,
vendías tus alegrías y optimismos del día;
vendías también tu muerte,
que se iba en tu vida, junto a la mercancía;
eras el personaje, nacido en la gran ciudad;
que, ¿cuál es tu nombre?,
no lo sé,
pero te recuerdo en esa congestionada esquina,
de Ermita Iztapalapa y Rojo Gómez
de la Ciudad de México,
ofreciendo aquella mercancía:
“lleve los chicles,
Lleve caramelos, chicles,
Lleve los chicles…”
La gente,
pasaba deprisa en la avenida,
muy deprisa, demasiado aprisa, velozmente deprisa;
pero en esa esquina,
tú eras el arrebato de la alegría más pura,
del optimismo sutil y la profunda sabiduría,
sabiduría del pueblo, que sólo en ti reproducía.
Ciudad de México, 23 de julio de 2003








