
07 de febrero 2020
Bloqueada se encontraba
La entrada a la ciudad,
(O ¿era el planeta?)
Bloqueada por el fuego,
Las rocas, la ansiedad,
La angustia y el desastre;
Por la cancelación.
Los humos envolvían
Los ámbitos abiertos,
Lo mismo, los cubiertos;
Invadían las casas,
Los retenes,
Los templos y palacios,
Presidios y cuarteles,
Lo mismo que burdeles,
Casas de diversión,
Lugares de oración
Y sitios de tortura,
También los de locura.
El humo saturaba los pulmones,
Causaba estragos en los ojos;
En los agonizantes,
Y en los que todavía vivían,
En los que aun miraban
Con mirada espantada,
Con la que atestiguaban
Lo que ya no entendían.
Los animales se arrastraban en asfixia;
Ya no había palomas
Ni en campanarios ni en cornisas;
Muchas habían huido,
Otras habían caído
En azoteas y tejados;
Se encontraban tirados
Sus cuerpos descompuestos,
Presas de los insectos
Los seres más dotados
Para sobrevivir.
Los perros merodeaban
En busca de alimento.
A veces, intentaban
Penetrar en la urbe,
Pero su instinto les decía:
Allí, la muerte, es muerte;
No le den alimento.
Se detenían, husmeaban;
Luego se arrepentían
Prefiriendo alejarse abatidos y exangües,
Con la mirada larga,
Y el andar tambaleante,
Sin esperanza por delante.
El cuadro era infernal,
(Si el infierno existiera)
El drama era total;
La soldadesca que había entrado
Como en son de rescate
Antes del holocausto o la tragedia;
Los soldados, decíamos,
Como estatuas quedaron.
Hagan en cuenta los soldados
Chinos de terracota
Que vigilaban el sepulcro de algún antiguo emperador.
Petrificados, ahí quedaron.
Los tanques destructores
De casas ya en escombros,
Varados en las calles y banquetas;
Se hicieron monumentos de sí mismos.
Y los terribles generales
Tan duchos en matar,
Que se hicieron valientes
En plan de dar ayuda,
Se mostraban tendidos
Sobre sus propias heces y sus vómitos,
Igual que el más humilde
De los vecinos de los barrios.
Humos, humos y hedores;
Humos que se podían
Tasar por kilogramos,
Y que en algunas zonas
Ya eran casi una masa,
Con espesor y pesantez.
¿Qué humos eran?
Humos de las quimeras,
Humos de los ensueños
Y de las ilusiones;
Humos de los afectos,
Los cariños,
Las buenas intenciones y la fe;
Humos que fueron maldiciones
Cuando los argumentos y razones
Para vivir en paz,
Para vivir la paz,
Se trocaron también
En humaredas pestilentes
Que avanzaron silentes
Sobre los viejos palimpsestos
Y los sistemas digitales;
Sobre pulcras imágenes
Televisivas, cuan virtuales;
Sobre ordenanzas bíblicas
Y textos de moral
Cuyos restos quedaron:
Unos en las cenizas,
Otros en albañales;
Los más entre las nubes
Negras como la noche,
Noche sin luz ni estrellas.
Y más tarde, por arte de la física,
Los humos, en el aire,
Configuraron sentenciosos
La frase lapidaria:
“Fin del hombre,
Terminación de su cultura,
Su evolución,
Su orgullo y fatuidad.
Ricardo Montes de Oca, The italian cofee,Puebla Pue, 24-4-07








