Humos (Poema de Ricardo Montes de Oca)
Minuto a Minuto

 

 

 

 07 de febrero 2020

 

Bloqueada se encontraba

La entrada a la ciudad,

(O ¿era el planeta?)

Bloqueada por el fuego,

Las rocas, la ansiedad,

La angustia y el desastre;

Por la cancelación.

 

Los humos envolvían

Los ámbitos abiertos,

Lo mismo, los cubiertos;

Invadían las casas,

Los retenes,

Los templos y palacios,

Presidios y cuarteles,

Lo mismo que burdeles,

Casas de diversión,

Lugares de oración

Y sitios de tortura,

También los de locura.

 

El humo saturaba los pulmones,

Causaba estragos en los ojos;

En los agonizantes,

Y en los que todavía vivían,

En los que aun miraban

Con mirada espantada,

Con la que atestiguaban

Lo que ya no entendían.

 

Los animales se arrastraban en asfixia;

Ya no había palomas

Ni en campanarios ni en cornisas;

Muchas habían huido,

Otras habían caído

En azoteas y tejados;

Se encontraban tirados

Sus cuerpos descompuestos,

Presas de los insectos

Los seres más dotados

Para sobrevivir.

 

Los perros merodeaban

En busca de alimento.

A veces, intentaban

Penetrar en la urbe,

Pero su instinto les decía:

Allí, la muerte, es muerte;

No le den alimento.

Se detenían, husmeaban;

Luego se arrepentían

Prefiriendo alejarse abatidos y exangües,

Con la mirada larga,

Y el andar tambaleante,

Sin esperanza por delante.

 

El cuadro era infernal,

(Si el infierno existiera)

El drama era total;

La soldadesca que había entrado

Como en son de rescate

Antes del holocausto o la tragedia;

Los soldados, decíamos,

Como estatuas quedaron.

Hagan en cuenta los soldados

Chinos de terracota

Que vigilaban el sepulcro de algún antiguo emperador.

Petrificados, ahí quedaron.

Los tanques destructores

De casas ya en escombros,

Varados en las calles y banquetas;

Se hicieron monumentos de sí mismos.

Y los terribles generales

Tan duchos en matar,

Que se hicieron valientes

En plan de dar ayuda,

Se mostraban tendidos

Sobre sus propias heces y sus vómitos,

Igual que el más humilde

De los vecinos de los barrios.

 

Humos, humos y hedores;

Humos que se podían

Tasar por kilogramos,

Y que en algunas zonas

Ya eran casi una masa,

Con espesor y pesantez.

 

¿Qué humos eran?

Humos de las quimeras,

Humos de los ensueños

Y de las ilusiones;

Humos de los afectos,

Los cariños,

Las buenas intenciones y la fe;

Humos que fueron maldiciones

Cuando los argumentos y razones

Para vivir en paz,

Para vivir la paz,

Se trocaron también

En humaredas pestilentes

Que avanzaron silentes

Sobre los viejos palimpsestos

Y los sistemas digitales;

Sobre pulcras imágenes

Televisivas, cuan virtuales;

Sobre ordenanzas bíblicas

Y textos de moral

Cuyos restos quedaron:

Unos en las cenizas,

Otros en albañales;

Los más entre las nubes

Negras como la noche,

Noche sin luz ni estrellas.

Y más tarde, por arte de la física,

Los humos, en el aire,

Configuraron sentenciosos

La frase lapidaria:

“Fin del hombre,

Terminación de su cultura,

Su evolución,

Su orgullo y fatuidad.

 

 

Ricardo Montes de Oca, The italian cofee,Puebla Pue, 24-4-07

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