Añoranza de las piedras (Poema de Ricardo Montes de Oca)
Minuto a Minuto

 

 

 

23 de enero 2020

Pedregales polvosos,
Macilentos, resecos,
Con esperanzas casi muertas
De que las nubes ambulantes
Un día se equivoquen,
Y depositen, sin pensar,
Sus transparentes, verticales
Cristales
Para que se desmayen sobre el polvo.

Así fueron los ciclos,
Los viajes de la tierra:
Igual de indiferentes
A las nubes viajeras.

Así fuimos nosotros, como los pedregales:
Anhelantes, de las gotas de lluvia;
Así anduvimos,
Pues fuimos piedras caminantes
Adherida a la suela
De zapatos cansados,
Estragados,
Sin esperanza de descanso.

Los polvos de la estepa, en el verano,
Nos golpearon la cara,
Hicieron nido en nuestras cuencas,
Nos obturaron los oídos.
Por eso, las figuras milenarias
De las budas sedentes,
Y las imágenes palúdicas
Entre los eremitas ortodoxos,
Pasaron como el viento
Ante la vista opaca
De quienes éramos, entonces, ya no piedras,
Sino mañana itinerante que avanzaba
A voluntad de ventarrones
Que en las llanuras polvorientas,
Marcaron de algún modo los caminos
De los desorientados peregrinos,
Vagabundos, en busca de un Edén aquí en la tierra.

Más hubiera valido quedando hechos piedra
En vez de ser breñales jalados por los vientos,
Eso anda comentando la razón.
Pero se mueve en la retina
Un sinfín de visiones
Aterrados, unas como la bomba atómica;
Otras, la mayoría,
Tremendamente seductoras:
El azul de los ojos
Paseando por los montes
Del indómito Cáucaso,
Las crenchas de oro puro
Reflejando la aurora
En las albas espaldas
De ondulantes
Y rústicas bacantes
Que incitan los deseos
De saborear los mostos
Del paraíso Moldavano
En los jolgorios aldeanos.

Todo eso y más están, y ahí se queda:
En la memoria nebulosa,
La que a pesar de que se mueve
En un mundo de brumas,
Me dice convencida:

Fuiste piedra, es verdad;
Como hojarasca,
Anduviste de bandazo en bandazo,
A lo que te arrastraron
Los vendavales nómadas.
Y andado habrás sin ojos, sin oídos.
Pero ese azul, ese oro,
Ese alabastro en dos columnas,
Irán contigo entre el rumor
De las urbes mezquinas
En las que no hay azul,
Ni dorado, ni albo,
Sol el gris de añoranza,
Moteado por las “lluvias amarillas”
Del otoño lloroso
Silencioso,
Y asesino de sueños,
Antesala del tiempo de las nieves.

 

Ricardo Montes de Oca, Puebla Pue, 5-5-07

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