
Levanta la mirada
querido hermano mío,
que aunque estás lastimado
por un fuerte sismo,
que a tu pueblo de luto dejó
bajo la sombra de la desesperación…
Hermano mío, tú tienes la fuerza de un jaguar
y el bello canto de un quetzal
para seguir viviendo y contemplando
esta tierra bendita de la región sureña….
Donde la mar y el cielo se unen en el horizonte,
resplandece el sol en su plenitud,
como el rey de las alturas,
donde los ríos y los lagos nacen de manantiales
de agua pura y cristalina,
y donde la flora y la fauna se funden,
para dar vida y color a los bosques y selvas…
que son testigos de la fuerza y vigor de todos los chiapanecos,
que se unen para seguir sosteniendo,
su territorio con orgullo y con valor…
¡Levántate hermano mío!
no pierdas la fe y la razón,
tiende la mano a aquel que está a tu lado,
que necesita de ti,
que corazón bondadoso…
Y que retiemble la tierra,
las veces que quiera el creador,
porque en Chiapas existen hombres de casta indígena,
cuna de poetas y mártires de la palabra,
hombres de honor, que con fulgor exclaman,
con palabras resonantes:
¡Viva Chiapas!
Hermano chiapaneco,
toca fuerte la madera encantada,
que solo da el sonido de la marimba,
que deleita los oídos de todos los hombres,
que aman a Chiapas, su tierra natal…
Pueblo mío, bendito eres por siempre,
bendita es tu gente, tu tierra, tu bosque, tu río y la mar…
Bendito es el cielo y las estrellas que te ven dormir,
y el sol radiante que te ve despertar…
Bendito son los hombres que construyen templos
consagrados a la virtud y la verdad,
hermano mío, ¡qué viva la fuerza por la sobrevivencia!
¡Qué viva la armonía y la unidad humana!
¡Qué viva Chiapas por siempre, mi pueblo natal!
Autor: Lic. Leobardo Cruz Magariño, 31 de octubre del 2017.








