
23 de agosto de 2020
Siempre
-al menos por estos rumbos-
los baches son jaquecas innecesarias,
son como las penas en tiempos de pandemia
o como huecos de rompecabezas.
Los baches son recordatorio
de que algo no está bien,
del tercermundismo,
de la falta de planeación,
del "moche" rapaz
o simplemente de que alguien no hace
lo que debería hacer.
Siempre que veo un bache
me duele el estómago,
hago coraje
y tomo aire para no explotar;
porque los baches son
como piedras en el zapato,
llagas en el punto de apoyo,
gancho al hígado
o mentada de madre para no olvidar.
Pero,
¿qué culpa tienen los baches
si ellos no eligieron estar ahí?
son sólo víctimas innecesarias,
parias del concreto,
del asfalto,
del dióxido de carbono
y prestanombres de la irresponsabilidad.
Aquí te vuelves amigo de las horadaciones,
porque si no es así,
tendrías enemigos en cada calle
e incomodidades por doquier.
Pero,
dicen que somos mal pensados,
que somos afortunados
por vivir aquí,
porque
-lo que no sabemos-,
es que se trata de un laboratorio
de realidad aumentada
para entrenarnos
como futuros astronautas
expertos en superficies lunares
y cráteres marcianos.
Sólo aquí,
los baches son realidad aumentada.


Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente. Dirige Sabersinfin.com






