
12 de julio de 2020
Nos impusieron una cuarentena que se pasó de ochentena,
llenándonos de miedo que cuajaron entre mentiras y verdades.
Destrozado el comercio, la economía cayó al piso.
¿Cómo derribar estos sentimientos y regresar a la confianza?
Cuantas cosas murieron, es grande la afección.
Lo que se rompe, se repara, pero no vuelve a ser igual,
deja cicatrices que no se pueden maquillar.
Aprendí a saludar sin tocar, a dar abrazos en soledad,
mis caricias eran virtuales para no contagiar,
inocular algo que no tenía, pero podría llegar.
¿Será que debo llorar?
¡No! me alegro de estar vivo, de estar aquí y con salud,
bendigo lo que he vivido y el aprendizaje que adquirí:
La tierra necesitaba un respiro,
mi conciencia un momento a solas conmigo,
y que se restableciera la unión familiar.
Valoré tener un techo, una cama donde descansar,
alimentos sencillos que bien disfruté.
Hoy me siento liberada de cargar lo inútil,
satisfecha de haber realizado limpieza general.
¡Libre! ¡Por fin me siento plena!
¡Emancipada de la pandemia! La vida debe seguir.








