
Érase una vez un simpático caballero
con una sonrisa sincera y un corazón muy abierto,
una radiante chispita que nos guiaba en el sendero,
un mapa de historias y cuentos, de amor y valores cubierto.
Érase una vez un profesor sin igual
que mostraba a sus alumnos como observar sin mirar,
de los días escolares era la azúcar y sal,
pues sus clases visitaban marionetas y un juglar.
Érase un maestro que soñaba y que reía
que invitaba a sus discípulos a vivir con alegría,
entre notas de Oceransky, libros, teatro y poesía
nos sacaba de la escuela a un mundo de fantasía.
Érase una vez un amigo ideal,
con un hombro disponible y un consejo como as,
no dudaba, siempre daba su mano incondicional,
su misión ya estaba dada... era un ángel de verdad.
Érase una vez un gran hombre, maestro y amigo,
titular de un alma con cualidades sin fin,
por supuesto, éste es el cuento de mi profesor Cesín.
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