El retorno
Minuto a Minuto

 

 

30 de octubre del 2019

Esa música como de arena cayendo… El sopor invade, voy a salir. Mis pasos desconocen cualquier rumbo. El sol de mediodía en la tierra blanca refleja el silencio: las fachadas han desparecido. El calor palpita sin jacarandas, al unísono los petirrojos. Las campanas están doblando. Bajo los fresnos aún se puede respirar la sombra.

Piensan que me cansé del mundo, por eso regresé, que deseo encontrar en la raíz la luz que hace falta para enfrentar el fin, porque de tanto caminar en la penumbra y el ruido una se pierde, se agota y le nacen sentires de viejos.
Si recorro las veredas hundiendo la mirada, más allá del horizonte, quizás encuentre en la niebla, niñas bajando el cerro con sus canastas de flores y a los pastores con sus rebaños. La magia devuelve a gajos el tiempo de tronadoras, estrellas fugaces y humedad de lluvia. Shhh, una chicharra viene siguiéndome.

Aquí es donde el abuelo acompañó a los muertos que no tenían quién les llorara y yéndose por el camino real derramó su propio desconsuelo mareado en alcohol y notas de “Las golondrinas” y “La barca de oro”, que el cortejo de músicos siempre toca. Por allí anduvieron los abuelos de tu abuela y bajaron los revolucionarios, buscando mitigar la sed que ya nada apaciguaba.

Yo sé lo inútil que es anclar en la memoria, seguir la voz de la nostalgia, querer encuentros como aquél de los diez años: Dando la vuelta al salir de la escuela encontré esa sonrisa que entrelaza las miradas en húmeda llama; el corazón colorea la cara y hace a los pies salir corriendo. Después, desde la ventana espiar sus pasos. Que nadie se haya dado cuenta. Probar el rito de tronarse los dedos para confirmar la sintonía. Nadie lo supo. (Excepto Dios) Hay momentos que nos llenan tanto, que pediríamos no perder jamás.

No te desanimes al descubrir las arrugas de la vida. Así nos pasa a todos. A su tiempo.
Contesta los saludos y si te preguntan di que no has venido para quedarte ni buscas recuerdos; estás de visita y vas de paso. Pocos te reconocen, ignoran que esperabas encontrar la brizna de estrella que de niña tenías reservada.
Mira, el resplandor anaranjado de la flor de tuna se te va impregnando. Siguen doblando las campanas.

Celia Tobón Cuautli

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