Tengo que dejarte ir
Minuto a Minuto

Tengo que dejarte ir, soltarte de mí,
como quien abre un corral de lunas tristes.
Tengo que abrir las pincitas de amor cristalizado,
estos cerrojos que evito cerrando los labios que se amotinan mojados,
para poder besar aún el aire. Tengo que soltarte de estos pecados sin altares,

de estos abrojos con lucecitas de kermesse,

de mi espalda y mis piernas sin conocimiento de tu adiós,

de mis manos pequeñas hundidas en mí como un tributo a lo que nunca más será.
Tengo que dejarte ir, sin apuro más con prisas, una equilibrista del olvido,
dándole mordisquitos al recuerdo con mi boca de azúcar desvestida.
La descarriada abstinencia de los muslos, ciega sus ojitos y me conmueve
y los grillos se equivocan de estación y echan de menos el eco de mi risa.
Tengo que intentar quitar estos ganchitos que te sostienen a mis ojos.
¡Me cuesta tanto parpadear con el peso de tu cuerpo rodando en ellos!
Los médicos no saben extirpar mis besos pegados como chicles de naranja.
ni las plumas sin vuelo que obstruyen mi garganta sin tu ofrenda.
No soltarte, quería pero ahora hay siglos de alquimias y frustrados hechizos
que invento para no querer verte, sin ningún final feliz y sin honor.
¡Que soberbio el cepo de mi boca!
Debo tomar la puntita breve del ovillo y hacerte rodar calle abajo de adiós,
sin respetar los semáforos de luto, y así desviarte a la tercer lágrima a la izquierda donde hay un desvío a la memoria.
Hasta tu olvido, no tengo ni licencia de cornisa, ni registro de grillo
o de volar. Hasta tu olvido no tengo permiso oficial para el indulto.

Aurora Olmedo