
04 de agosto de 2017
Como un cometa, pasaste por el infinito,
y en lo alto del cielo se marco una estela
de felicidad y de tristeza,
cuando naciste bajo el alba y con un llanto ensordeciste
a la multitud que te esperaba…
Tan solo en un instante, tus ojitos se cerraron para dormirse
y reposar por siempre en el eterno paraíso bendito…
Tus pequeñas manos y tu bello rostro,
esculpido de inocencia y de pureza
fue la obra maestra del creador divino…
Al besar tus mejillas suaves y delicadas,
frágiles como una burbuja de espuma de la olas del mar,
emprendiste tu vuelo como un colibrí,
atravesando el inmenso mar,
y nunca regresaras…
hoy tan solo gozo, un recuerdo de tu ser
marca mi vida de dolor,
y me da la fuerza para seguir en la lucha por la existencia,
en este mundo injusto, pecador…
Que le arrebata la vida
a un pequeño ser, que nace del amor puro
de dos seres que se aman,
y dan la vida por que estés vivo y verte crecer…
Hoy mañana y siempre,
te recordaremos con el mismo
anhelo de volverte a ver,…
¡te prometo amado hijo:
que en otra vida, en otro mundo,
“estaremos todos”,
“los que te aman”,
reunidos, para toda la eternidad.
Autor Lic. Leobardo Cruz Magariño








