
25 de noviembre de 2016
Cada vez que me navegué
tus labios de sal,
dejé en ellos,
el mejor de mis intentos.
Al rodear tu cuello
con mis brazos,
para mi trémula mirada
el mundo era tan pequeño.
El susurro
de tu respiración en mi oído,
sinfonía de caricias marinas,
en la espuma de mis olas.
Ahora, me niegas tu brisa.
Has de saber,
en cada beso que te di,
entregué mi alma.
Imagen: Artelista.com
Gabriela Jiménez Vázquez. Del Poemario Llorare un río. Mujeres poetas en la Cuenca del Papaloapan.
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