La vimos enrojecer y mutar de piel por tres noches.
Acuartelarse en la zona del reposo.
Reinventar cuentos
de sí misma
y caminar alejándose
del dragón sin alas,
sin fauces.
II
Ella era redonda
y se creía amada.
Era un instante de ternura,
una promesa,
una retórica dialogicidad.
Incomprensible
al oído humano.
III
Ahí estaba.
La vimos,
la amamos unos segundos;
lo que dura el aletear de la noche.
Nuestra noche.
Fue entonces, Ella,
pálida y turgente
voluptuosa,
amada.
IV
Ella,
Madre del croar,
del aullido,
de los cantos alados de los grillos,
de los reflejos distorsionados de las sombras.
Ella.
La amada,
la nuestra.
Madre de los noctámbulos y noctámbulas,
de los gatos que se suben a los techos
y llaman enloquecidos,
las feromonas que les trae el viento.
V
Y Ella,
ella sola,
Ella
impasible
Ella
callada,
Ella
sacerdotisa
pariendo
un pedazo de luz.
VI
La vimos estrellar su cara contra una nube,
despeinarse de viento y bruma,
amanecerse,
tocada su faz
por un ave
que anidó en sus senos,
en su suelo impenetrable.
VII
La vimos dormir
y dormimos.
La vimos soñar
y soñamos.
Se quebró
y nos quedamos con un trozo de luz
para alumbrarnos cuando no estuviera
Ella.
*Alebrije No. 20/ 10 de marzo 2010. Periódico Como? Director Pablo Ruíz. Alebrije. Director Gerardo Pérez Muñoz
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