
16 de febrero de 2017
A Mochitlán: el día de la catástrofe
Estás ahí: quieto y perplejo
con violentas palmeras y hogares sin aliento;
esperas con angustia la claridad del alba
con viento lleno de alegría y que te habite;
mientras tus ríos aúllan
y avanzan como lobos hambrientos en la noche,
y la lluvia arrecia y cubre tu mejilla con sonido de tumba;
en mil pedazos saltan los puentes
hechos con cucharadas de argamasa,
y la esperanza amarillenta de tu gente,
deambula apresurada por tus calles
porque sueña en alcanzar su libertad;
de ser felices: con la lluvia empaparse
bailando y saltando hasta extenuarse;
mientras sus manos trémulas y exhaustas
por las tareas del campo,
a tientas buscan el rayo de luz que te ilumine
en ese trance: que es de vida o muerte.
Allá en el horizonte el sol pesadamente se levanta,
tal es una buena señal para nosotros,
porque a la lluvia se la lleva el viento
y nacen en tus labios rosas rojas de esperanza;
aguarda,
hay alguien que se acerca con una luz brillante,
parece que es un dios que aún no lo reconozco:
te trae flores, y luz
y una campana,
para, en tu mano, poner junto a un cáliz
lleno de amor
y paz.
Imagen: imgrum.net
Erasmo Nava Espíritu.








