
22 de octubre de 2016
Veo los caminos que me traen el pan de la mañana.
Veo el percal de los mercaderes que salen del follaje de la montaña lejana, las pendientes y los ascensos donde se cultiva la mora y los pajarillos comen moras, para hacer luces de sus vuelos y llevar el mensaje al próximo monasterio.
Caminos donde las piedras dan sus cimas para la prisa de las hormigas y para el paso lento de la mantis, orando por el retorno del arriero.
Me conducen dejando mis huellas de ansiedad o reposo.
Me conducen a la montaña primigenia donde la lluvia es de polvo, al río donde el agua es virgen, donde hay vientos sabios esquivando la amenaza de los riscos.
Los caminos son la esperanza de tener en la mano la semilla y plantarla en la hondonada.
En ellos lavo mis manos con el agua de sus raíces y venero la sombra de nubes en fuga.
Canto en el descanso de las aves y apresuro mis pasos cuando veo una sonrisa de niebla.
Apoyaré mis vértebras cansadas, mis ratos de vida, y recorrerlos, con anhelo, de ser colibrí.
Imagen: static.panoramio.com
Saúl Aguilar Díaz es compositor y poeta, labora como docente en la facultad de Artes de la BUAP, autor de obras de dramaturgia, poesía y obras musicales de diferentes estilos, originario de Cuetzálan Zacapoaxtla Puebla.








