Compañeras
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22 de febrero del 2013

COMPAÑERAS

Cocina pequeña con los muebles necesarios, más una mesa y dos sillas. A la izquierda la puerta, en la pared de enfrente una ventana. La mujer, joven, no más de treinta, viste de casa, tal vez una batita y zapatillas, tal vez ropa cómoda. Cuando empieza la acción entra, coge una silla y se arrima a la pared opuesta a la puerta, apoya la oreja en los azulejos y al cabo de un instante, se retira y comienza a hablar.


MUJER:
Hola, ¿está ahí?... (Golpea con los nudillos la pared y aguarda un instante.) supongo que solita, ¿verdad? Oiga, no sé ni cómo se llama. Yo soy Fedi, de Federica… A veces la oigo llorar a través de la pared. Decía mi madre que ya no hacen las paredes como antes, que ahora construyen con arena y que todos estamos expuestos a los demás. (Ríe quedamente, más para el otro lado que para ella misma.) Ahora no trabajo y estoy aquí todo el día. No sabía siquiera que tenía una vecina… Llama usted a sus hijos, ¿verdad? Lo suponía. Debe de ser usted muy mayor… ¿Oye la música que pongo a veces? No es que me apetezca, pero lo hago para animarla un poco. ¿La siente?... No quiere usted hablarme, lo entiendo. No se preocupe, si quiere ya le cuento yo. Aunque no sé si le interesará. No sé mucho del resto de los vecinos… Supongo que por la noche será peor estar sola. ¿No viene nadie a verla?… A mí tampoco, me llaman a veces los compañeros, pero él no quiere que conteste. Es mejor que no haya ningún motivo para enfadarlo, ¿sabe? Ahora estoy de baja, pasé un par de días en el hospital. Si le digo la verdad, allí estaba mejor… (Oye un ruido y mira sobresaltada a la puerta. Luego sigue en tono más bajo.) Si dejo de hablar es que él ha llegado y mañana vuelvo a llamarla. No quiere que hable con nadie, creo que son celos, ¡me quiere tanto! …Yo no puedo ayudarla de otra forma, no puedo salir de casa aunque estoy ya bien, él trae lo necesario, dice que así no me entretengo por ahí. ¿Usted tiene lo que necesita? … Supongo que alguien vendrá a ayudarla… No llore, mujer, que me hace llorar a mí, y si me pilla…no quiere que llore, dice que me pongo fea. Oiga, tal vez por la ventana podríamos vernos… voy a abrir (Se levanta.), haga usted lo mismo… (Forcejea con la ventana un rato.) ¡no puedo, está bloqueada! (Se suena la nariz tras unas lágrimas fugaces.) Lo siento, lo siento… pero sepa que estoy aquí, por si quiere que hablemos…, así creeremos que somos libres. ¡Viene! ¡Hasta mañana! (Se levanta, se compone y sale de la cocina.)

Premio Internacional de Monólogo Teatral Hiperbreve
Concurso Internacional de Microficción “Garzón Céspedes” 2012
Fátima Martínez Cortijo (España, Madrid)

 

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