LA RESPUESTA - Jorge Alberto Durán Ramírez
Minuto a Minuto

- HISTORIAS DE SEXO (O CASI) 

LA RESPUESTA

Por: Jorge Alberto Durán Ramírez*

 Con un suspiro vio como su último cliente cerraba la puerta de su consultorio. Bajó los párpados para descansar un momento, al abrir los ojos su mirada se dirigió al sobre colocado en su escritorio, junto al portalápices, lo tomó entre sus dedos y lo puso frente a ella, leyó su nombre escrito pulcramente a máquina. Sin separar la vista de aquel rectángulo de papel, buscó sus cigarrillos, tomó uno, encontró su encendedor y al tercer intento logró prender el cigarro colocado entre sus delgados labios, aspiró profundamente el humo caliente, lo retuvo un instante en los pulmones y lo sacó lentamente dirigiéndolo hacia el sobre.

Lo recibió muy de mañana pero quiso posponer su lectura, sabía quien lo enviaba, de qué se trataba y la necesidad de dar una respuesta al día siguiente. Dio otra fumada larga a su cigarro y exhaló el humo mientras tomaba el sobre con sus largos dedos y lo abría por un lado, extrajo el contenido y lo extendió ante su vista, con una lectura rápida supo cual sería su respuesta. Quiso leer nuevamente y más despacio, debería estar segura de comprenderlo bien para decir las cosas claramente, sin dejar dudas o causar un mal innecesario.

Conocía a David hacía más de un año, cuando llegó a verla por un dolor en el pecho que no lo dejaba descansar, lo revisó detenidamente y al palpar el pecho, amplio y fuerte por el ejercicio se olvidó de su profesión y un hormigueo le recorrió la columna vertebral, excitándola. Se repuso rápidamente, concluyó la auscultación, hizo su diagnóstico y recetó las medicinas, tratando de terminar lo más pronto posible. A los ocho días, David regresó con el pretexto de darle las gracias y para invitarla a salir, por supuesto que se negó pues no se relacionaba con sus clientes fuera del consultorio y aunque él había regresado periódicamente y seguía insistiendo en invitarla, ella se mantenía firme.

Sonrió y volvió su atención al papel que tenía en las manos, adoptó un gesto más serio, como lo requería el momento. Sus ojos recorrieron una a una las líneas, siguieron su graciosa uniformidad, los cambios inevitables que se daban de una a otra parte de lo escrito y que reflejaban claramente el interior de David, lo que apenas se percibía por fuera. Mentalmente fue interpretando el significado de todo ello y preparando las palabras que ella utilizaría. Tal vez exageraba pero necesitaba hacer un análisis exhaustivo de la situación para no equivocarse, pues se podía permitir todo menos un error.

Cuando se dio cuenta había transcurrido una hora, sesenta minutos para leer una y otra vez un pedazo de papel era mucho, pero le sirvió bastante, estaba contenta pues ahora sabía lo que diría.

Frotó sus ojos levantando apenas los lentes y puso su mente en blanco un instante, mañana comunicaría a David que su electrocardiograma salió bien, que siguiera con sus ejercicios normalmente y que no se cansara mucho. Esto lo pondría feliz y estaba segura que la invitaría a salir, tal vez aceptaría.

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