- HISTORIAS DE SEXO (O CASI)
TUS OJOS
Por: Jorge Alberto Durán Ramírez*
Me gusta pararme frente a ti y perderme en tus ojos. Cuando
los veo, las manos invisibles del deseo oculto me jalan hacia ti y desde el
negro abismo de tu mirada te observo detenidamente.
Tus pestañas, breve cabellera de los párpados, bailotean coquetas, se cierran tímidas o se entornan apenadas; tu nariz se mueve imperceptiblemente, husmeando en mi interior; tu boca, silente, me lleva a mundos no conocidos o recreados por ti para mí; tu cuello delgado y alto se me ofrece como una fruta para saborear, a mordidas o lentamente.
Desde tus obscuros ojos veo el resto de tu cuerpo, no el
mejor del mundo, pero que por ser tuyo es deseado y contemplado por mí. Brazos
delgados que pueden transmitir en un abrazo toda la fuerza del mundo; tronco
delgado adornado por dos pechos hermosos, cadera estrecha pero suficiente para
tomarla entre mis manos y acercarla a mi cuerpo, y por último dos piernas
largas e inquietas capaces de llevarte de un lado a otro y contigo a mis ojos,
prendidos de ti, ávidos de tu figura, de tu sonrisa.
Recostado en mi cama suspiro satisfecho pues nunca me arrepentiré de haber adquirido este póster que hoy adorna, con tu bello cuerpo, mi árida recámara.
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