FROYLANCITO. LA PEÑA DEL CACALOTE (SEXTA PARTE)
Por:
Graciela Solano Méndez*
|
|
Siempre que Doña María
guisaba “chileajo”, era señal que toda la familia iría de día de campo, a darse
un buen chapuzón y a comer ricos tacos de “chileajo en la Peña del cacalote.
Desde muy temprano, las hermanas de Froylancito entraban prestas en la cocina para ayudar a su mamá, aunque siempre terminaban por abandonar el cuarto, pues cuando comenzaba Doña María a tostar los chiles guajillo y costeño, que colocaba sobre un enorme comal de barro, el picante olor que despedían, al esparcirse en toda la cocina hacía toser hasta al más valiente del pueblo. Quién sabe qué hacía doña María, para permanecer siempre impasible, sin abandonar la cocina, ante el asombro de propios y extraños. Fue una gracia, entre muchas otras, que también tendría la esposa de Froylancito.
Sólo cuando el chile, el jitomate, el tomate y el ajo,
con las hierbas de olor, habían sido molidas en el metate y se estaban
sazonando en manteca de cerdo, en una enorme cazuela, regresaban las niñas a
acomedirse en la preparación del resto de la comida.
El chirriar de la manteca indicaba que era tiempo para ir
colocando una capa de carne, otra de papas finamente rebanadas y una capa de
hojas de aguacate bien doraditas y en algunas partes quemaditas.
¡Qué delicioso aroma empezaba a llenar toda la casa!, era ese olor a provincia que se puede
saborear, masticar y se mete en los
poros de la piel para siempre. El aroma penetraba por la nariz y el corazón de
Froylancito, que en el patio preparaba los charpes y “el parque”, para que al
llegar a la peña del cacalote, mientras su familia nadara, él junto con su
hermano Agustín, apuntarían a las coquitas y ranas que anduvieran cerca del
agua.
Por fin todo había
quedado listo, la canasta tapada con una servilleta de tela blanca, donde una
mano hacendosa había bordado, flores, pájaros y una leyenda: “Te quiero mucho corason”, estaba llena
de tacos de chileajo, que serían devorados después de tomar un buen baño.
Había que recorrer un largo camino lleno de polvo y bajo
los quemantes rayos del sol, pero no importaba, mientras el tío Liborio
platicara de las peleas de gallos, de la fiesta del cuarto viernes, dedicada al
patrono del pueblo, el Señor de la Capilla que atraía a medio mundo, de los
bailes, de “chica diablo” y tantos personajes pintorescos de ese querido
pueblo.
La peña del cacalote era de grandes dimensiones, en la
sombra que producía, fácilmente se podía resguardar una familia numerosa, como
la de Froylancito. Doña María se quedaba
a custodiar la comida y las prendas de vestir, mientras que los niños junto con
el tío Liborio se divertían cazando lagartijas y una que otra ranita. Las niñas
cortaban flores que regalaba, con una gran sonrisa, a su mamá. Después todos de
echaban una zambullida a las pozas.
Doña María se llenaba los
ojos del paisaje de su tierra, se lo bebía de tal manera, como si
adivinara que pronto abandonaría ese terruño tan suyo para no regresar jamás.
En el camino de regreso, el sol mixteco se despedía,
pintando de bermellón brillante el horizonte lejano, que sin embargo, parecía
que se podía tocar con tan sólo estirar la mano. Las formas caprichosas de las
nubes también se teñían de sangre, lloraban y daban su adiós al astro rey, pero
íntimamente sabían que había la esperanza de un renacer, de una resurrección
que, alejaría las tinieblas y la desolación, así lo sentía dentro de su corazón
Doña María y por eso apretaba con mucho cariño la mano de Froylancito, cantando
junto con sus demás hijos:
¡Qué lejos estoy
del suelo donde he nacido!
Inmensa nostalgia invade mi pensamiento,
y al verme tan solo y triste cual hoja al viento
quisiera llorar, quisiera morir de sentimiento…
*Graciela Solano Méndez (
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
) es
profesora de
Más de la obra de Graciela Solano Méndez:
- Froylancito. La peña del cacalote (Sexta parte)
- Froylancito. ¡Ciérnele panadero! (Quinta parte)
- Froylancito. Yiqui y barbacoa(Cuarta parte)
- Froylancito. El coloradito(Tercera parte)
- Froylancito. ¡Una zambullida! (Segunda parte)
- Froylancito (Primera parte)








