MONSTRUO SALADO
Por: Nati
Rigonni*
Sí, yo sabía que eso estaba vivo, y podía también darme cuenta de que
había otros seres que se movían dentro de él, en la distancia. Hasta mi piel
llegaban las vibraciones de lo que yo intuía eran seres marinos. Ellos también
sabían de mí pero no se acercaban. Yo no podía verlos pero sabía que estaban
ahí. ¿Podrían verme?
¿Cómo es que había llegado al cuerpo de ese monstruo salado? ¿Qué es lo que
sonaba como un bombo enrarecido por el agua? ¿Era acaso el sonido del corazón
del gran monstruo?
Quise huir. Me moví hacia la superficie. Logré sacar la cabeza pero ese olor a
sal lo inundaba todo. Afuera era la noche y había una luna gigantesca y
resplandeciente como del tamaño del rostro de mi madre cuando sonríe; las
estrellas también brillaban en lo alto, me sentí reconfortada de reconocer a
esos otros seres, que a pesar de saberlos tan lejanos, me resultaban
familiares.
Entonces sentí nuevamente la fuerza del mar rodeando mi cuerpo. El suyo era un
abrazo muy poderoso. No había otro ser de mi especie en la distancia. ¿No? ¿Por
qué? ¿Qué es lo que yo era?
Volví a percatarme del sonido del bombo, que segundo a segundo se hacía más
intenso... Sentí mucho miedo, cerré los ojos con fuerza y volví a hundirme en
el agua; al abrirlos desperté y descubrí el sonido de mi propio corazón pateando
como un niño furioso. Afuera el viento silbaba y se estremecía como se
estremecía mi corazón. Entonces pude ver a través de la cortina azul de mi
cuarto la sombra de los árboles de la calle que se agitaban como látigos de
coral o tentáculos de un pulpo enorme. Había un olor distinto pero conocido
entre mis cosas.
De pronto escuché otro sonido, algo como un rápido zambullido. Giré la cabeza
hacia donde escuché el chasquido y no reconocí el piso de mi cuarto; era como
estar en un sitio diferente. En realidad lo que veía era una superficie
brillante. Entonces sentí como mi cama empezó a balancearse suave y dulcemente.
Me tiré de panza sobre el cochón y entrecerré los ojos para ver mejor lo que se
movía bajo esa superficie: ¡eran peces! Peces que nadaban y se zambullían entre
mis pantuflas y mis juguetes...
Nati Rigonni es escritora de literatura infantil, promotora cultural y cofundadora del Colectivo a Favor de la Infancia .








