LLEGADA INTERRUMPIDA
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LLEGADA INTERRUMPIDA

Por: Fabio Alvarado García[1]   

 

Documento encontrado dentro de una pequeña caja de bronce, que data aparentemente, de la década de los años veinte.

             La caja, junto con su contenido, fue descubierta por un grupo de niños exploradores en la zona boscosa del Estado de Maine.

             El texto de tan insólito documento, traducido del francés, fue publicado el pasado 30 de agosto en un importante periódico de la Ciudad de Nueva York.

             A continuación se reproduce el texto:

             Capitán F. Coli

            Navegante del “Pájaro Blanco"

           “BITÁCORA DE LA PREPARACIÓN DEL VIAJE”

            2 DE MAYO

            9:57 A.M. 

           Tan sólo llevo dos horas en el hangar y parece como si llevara todo el día trabajando con el avión.

           Estuve puliendo y aceitando algunas partes del motor. Aunque aparento una gran tranquilidad por dentro estoy que reviento de ansiedad.

          ¿Cuándo partiremos? Mil veces me ha esgrimido la pregunta el Teniente Nungesser.

          ¡Por el Cielo!¡Yo también deseo saberlo! 

8:10 P.M. 

         Hoy cené con mi familia. Quiero aprovechar estos momentos para convivir con ellos.

         Los he descuidado por tanto tiempo que no sé si perdonen mi actitud.

        Sigo nervioso. Algo me inquieta. 

4 DE MAYO

9:32 A.M. 

         Ayer por la noche vino a verme el Teniente Nungesser. Estaba contrariado.

        El Teniente comentó que había platicado con algunos miembros de la tripulación de un barco mercante que llegó de América.

         Le dijeron que en casi todo el Atlántico Norte predominó el mal tiempo. Con fuertes vientos y amenazadoras tormentas.   

         

         Algo me dijo de cambiar un poco el rumbo ya establecido para el viaje.

        No dormí bien en toda la noche.

        Cambios de última hora no son recomendables. He tenido que revisar mis mapas y cartas. Todavía no encuentro un cambio de ruta aceptable que no nos aleje demasiado sin gastar mayor combustible que lo permitido.

         Tengo que pensar en algo. 

6 DE MAYO

2:23 P.M.

             Siguen llegando informes de mal tiempo en el Atlántico Norte. Para rematar, nos hicieron llegar un cable urgente desde Newark, muy cerca de Nueva Cork. Nos informan que un joven piloto norteamericano, un tal Lindbergh, está preparando el mismo viaje que hemos planeado Charles y yo. Según parece ya está en sus últimas fases de planeación pues podría levantar el vuelo para la segunda quincena de…¡ESTE MES!

             ¡INTENTA REALIZARLO EN SENTIDO INVERSO!

             ¡QUÉ LOCURA!

             El Teniente está que arroja sapos y culebras. Gruñe como animal.

             Por mi parte, no estoy enojado. Estoy preocupado. Esto inevitablemente acelerará nuestra partida.

             ¡DEBEMOS LLEGAR PRIMERO! 

9:17 P.M.

             Modifiqué la ruta según los informes que generosamente nos han dado los marineros del buque.

             De manera breve, la ruta será la siguiente:

             “París se encuentra, aproximadamente, en el paralelo 49. Volaremos en línea recta hacia el paralelo 51. Ahí se ubica el sur de Irlanda que nos servirá de corrección a cualquier error cometido en la medición.

              Esa será la primera fase del viaje. Después, como segunda fase, volaremos directamente de Irlanda a Nueva Cork, que se localiza en el paralelo 42. Eso implicaría volar, en los últimos kilómetros del viaje, sobre parte del continente americano. Ello podría permitirnos encontrar Nueva Cork guiándonos con la costa.”

             Por otro lado, si intentáramos el viaje de un solo salto, sin utilizar a Irlanda como referencia, sería muy arriesgado.

             ¿Qué pasaría si tuviéramos un desperfecto?

             Al menos podríamos aterrizar sin peligro en tierra firme. La única ventaja sería que ahorraríamos combustible.

             Según mis cálculos, la distancia total recorrida sería de 6000 kilómetros. Con un tiempo efectivo de vuelo de alrededor de 30 horas. Sin embargo, he dispuesto un depósito especial para contener 80 ó 90 litros más de combustible. Mismos que nos otorgarán un rendimiento extra de aproximadamente 300 ó 400 kilómetros.

             El Teniente Nungesser está de acuerdo con el cambio de ruta. No obstante, si por él fuera, volaría de un solo jalón hasta Nueva York.

             En mi interior, también me gustaría ir directamente, sin desviaciones. Pero los informes que hemos recibido respecto al mal tiempo a lo largo de nuestra ruta señalada, nos obligan a tomar como referencia y corrección del rumbo, las costas de Irlanda.

             ¿Cuál sería el camino apropiado?

             Tengo que descansar. Es muy noche. Mañana pensaré sobre éste problema.

             7 DE MAYO

9:35 A.M.

           

            Nos han agasajado con un excelente almuerzo algunos de nuestros amigos. Tienen mucha confianza en nosotros. Eso es reconfortante, pero nos obliga a llevar con buen término el fin de nuestra empresa.

             Una tal madmoiselle Juliette, muy bella, por cierto; habló conmigo. Me preguntó que cómo podía aventurarme a viaje tan peligroso.

             Nada más le sonreí. No entendió mi risa y de inmediato preguntó que si el peligro no me importaba. Respondí que con alguien tan afortunado como el Teniente Nungesser, que encaró mayores peligros frente a los extraordinarios pilotos alemanes y salió avante, nada podía salir mal. ¿No era en verdad uno de nuestros grandes ases junto con los siempre recordados y respetados Fonch y Guynemer?

             Pareció satisfecha de mis palabras. Se acercó a mí y plantóme soberbio beso en una de mis mejillas.

             ¡AL CUERNO CON LOS 25,000 DOLARES DEL SEÑOR ORTEIG!

             ¿HABRÁ OTRA MEJOR MANERA DE DESEAR BUEN VIAJE? 

9:20 P.M.

             Ciertos compañeros y amigos que vinieron a despedirme ya se han ido. Estoy sentado junto a nuestro avión: “El Pájaro Blanco”. También es “nuestro compañero de viaje”. Le he pedido que nos lleve sin novedad a nuestro destino. Al acariciar sus alas me he llenado de confianza y valor. Sus poderosos músculos de metal ahora descansan.

             ¡Luce gallardo y fuerte!

             Estoy enfundado en mi traje de piloto. Así me voy a dormir estas últimas horas. Mañana necesitaré de todas mis energías.            

“BITÁCORA DE VUELO”            

(París – Nueva York) 

8 DE MAYO

7:55 A.M.

             Encendemos el motor dejándolo calentar unos instantes.

            Estamos en nuestras respectivas carlingas.

             Todos nos alientan y aplauden. Puedo escuchar sus gritos.

             Seis aviones han despegado para servirnos de escolta.

             ¡QUÉ DISTINCIÓN! 

8:26 A.M.

             Hemos dejado caer un paquete con algunas pesadas herramientas para aligerar el avión y economizar combustible.

             La escolta, después de saludarnos marcialmente, se ha separado de nosotros.

             ¡LLEGÓ LA HORA!

             ¡AHÍ VAMOS!

             ¡HACIA LA ESTATUA DE LA LIBERTAD!

 11:08 A.M.

             Estamos volando a un poco más de 2000 metros de altitud con una velocidad estimada de 200 km/hr.

             Hemos abandonado Francia. Estamos volando sobre el océano.

             En el horizonte, todavía se distingue el continente.

             He volteado largamente el rostro hacia donde se encuentra la amada patria. Poco a poco se ha ido desvaneciendo la forma de su silueta.

             Haciéndome palpitar alocadamente el corazón con su recuerdo, y con la mano en la frente en posición de saludo militar, me he despedido de ella. 

1:10 P.M.

             El cielo empieza a cubrirse con grandes nubarrones. Pero deja enormes huecos de un color azul infinito y bello.

             Todo marcha en orden y sin novedad.

             Hemos visto un buque muy a estribor. Tal vez navega hacia Inglaterra.

             Estamos seguros de que no nos vió.

             2:04 P.M.

             Divisamos una manada de ballenas que van acompañadas de un grupo de juguetones delfines justo debajo de nosotros. Parecen nadar con rumbo al norte.

 3:20 P.M.

             Alcanzamos Irlanda hace unos instantes. Sobrevolamos muy cerca de la entrada de la Bahía de Bantry. No hemos tenido desviación alguna con respecto al rumbo estimado.

             El giroscopio de abordo parece funcionar a la perfección. Mantiene una posición constante a pesar del movimiento de la nave.

 4:43 P.M.

             Estamos sobre el Atlántico Norte. Muy a lo lejos se observa cúmulos de negras nubes que cubren el horizonte.

             Detrás de ellas está Nueva York.

 6:38 P.M.

             Enfurecidos vientos nos han embestido desde hace unos minutos por la proa. Ello ha provocado que disminuya sensiblemente la velocidad de crucero que sosteníamos.

             Bajamos la altura considerablemente. Volamos alrededor de los 20 ó 30 metros sobre el nivel del mar. Aún así, la violencia de los vientos no parece disminuir.

 10:58 P.M.

             El  giroscopio, de manera inexplicable, no funciona. El volante ya no gira en la suspensión de cardán. Ha dejado de mantener una posición constante y estable. Como era imposible de arreglar fue desprendido y arrojado por la borda.

             Los vientos son fieros e implacables. Nos siguen azotando despiadadamente por la proa. Hemos optado por rotar al “Pájaro Blanco” unos cuantos grados hacia el Noroeste. De esa manera, el viento no golpea con tanta fuerza, evitando al mismo tiempo no consumir combustible en exceso; y sin embargo, todavía nos detiene, y lo que es peor: nos aleja de nuestro rumbo original.

             ¿Qué tanto? ¡No lo sé!

             La maniobra tal vez nos aleje cientos de kilómetros de Nueva Cork pero es lo único sensato que podemos hacer.

             A todo esto, debemos sumar una pesada lluvia que no aminora y que cala hasta los huesos. 

9 DE MAYO

2:02 A.M.

             El “Pájaro Blanco” produce chirridos escalofriantes al estremecerse con cada corrección que hacemos al rumbo.

             Además, la oscuridad es amedrentadora. 

5:45 A.M.

             Amanece pero el paisaje que está ante nuestros ojos casi no cambia.

            El viento parece disminuir por breves intervalos, pero después, aumenta su empuje. 

            Optamos por permanecer a una altura de 400 ó 500 metros. Ascender a mayores alturas haría que el motor consuma alocadamente nuestro ya mermado combustible.

           Para colmo, sigue lloviendo intensamente. 

10:47 A.M.

          Penetramos en una inmensa muralla de bruma que parece no tener fin ni principio.

          No hay lluvia, No hay vientos agresivos. 

          Desconocemos nuestra posición exacta. 

          De un momento a otro esperamos ver tierra firme. 

1:15 P.M. 

           No hemos localizado tierra. Es imposible ver más allá de nuestras narices. 

2:06 P.M. 

            ¡TIERRA!

            ¡ESTAMOS VOLANDO SOBRE TIERRA FIRME! 

           A través de un desgarrón de la bruma hemos distinguido el continente. 

          No sabemos por cuánto tiempo hemos volado sobre él pero estamos muy emocionados. 

           ¡POR FIN! 

           ¡GRACIAS, SEÑOR! 

2:57 P.M. 

           Cambiamos de rumbo Oeste a un rumbo S 20’ O. Todavía desconocemos nuestra posición exacta. 

3:26 P.M. 

              La niebla aumenta en densidad. El frío es muy intenso.

              El combustible está por agotarse totalmente. Solamente queda parte del extra que acondicioné antes de partir.

             ¡ESTAMOS EN PELIGRO! 

             4.09 P.M. 

            Hemos estado siguiendo una cadena montañosa que se dibuja a través de la niebla.

           Se agota el combustible. 

11:47 P.M.

           …Nos estrellamos…

           El Teniente Nungesser ha muerto. Falleció instantáneamente al momento del accidente. Su cuerpo está destrozado entre los retorcidos fierros del biplano. 

           Mis piernas están casi totalmente cercenadas… el dolor es insoportable… 

           Estoy a varios metros de los restos del avión. 

          ¿Cómo puedo escribir todavía, Dios Santo?

          Guardé el diario de navegación en la caja y a ésta la metí dentro de mi traje poco antes de caer.

          Soy el Navegante… y debo llevar el diario de abordo hasta el final…

         Sé que estoy muriendo…

         La vida se me escapa por entre mis horribles heridas…

        El aullido de los lobos aumenta el espanto de mi agonía… 

        …me siento débil. 

        …tengo sed…quiero tomar agua…un poco de agua… 

        …quiero llegar a Nueva York…tengo que llegar… 

        ¿Qué veo?...¡MI AMADA FRANCIA! 

        ¡ALGUIEN ME LLAMA DESDE EL AVIÓN! 

        …tengo la fotografía de mi familia en mi mano…

        ¡LOS QUIERO TANTO! 

        ¡AYÚDAME, DIOS MÍO! 

        ¡QUIERO LLEGAR!... 

        …tengo que lleg…  



[1] Fabio Alvarado García (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.), ha realizado trabajos de literatura, en especial ciencia ficción, estudios de álgebra, estadística y electrónica. Fabio Alvarado es Abogado y Maestro en Tecnología Educativa y Master en Física y Ciencia de Materiales.  El presente cuento forma parte de su primer libro Una pequeña ayuda y otros cuentos © (2002). Sabersinfin.com agradece al autor compartir su obra con nuestros lectores.