- LOS ROSTROS EN EL ESPEJO -OTRO DÍA DE MUERTOS
Alejandro Tamariz Campos*
La recuerdas Mario, - dijo RAMON ZARATE JALI. La recuerdas… ahí parada, con ese lindo par de ojos negros, haciendo fila para el laboratorio de la escuela de Lenguas, con una sonrisa amplia y radiante, extendiendo sus alas como mariposa en el sol de otoño, con esa voz que se quebraba de tanta ternura, con esa impaciencia muy suya, con esa prisa y esa angustia contenida, que la hacia caminar de un lado a otro.
Y de repente sacó el poema Mario, y de un golpe lo introdujo en mi corazón dolido, y lentamente me fue diciendo algo que yo quería oír, sin ninguna prisa fue enterrando su filo en mi carne débil, como se asesina profesionalmente, y fue gozando mi mirada agonizante, sentí el frio metálico de su voz penetrando mi piel y mis entrañas, hasta quedarme completamente inmóvil, petrificado, casi muerto, con unas ganas de llorar metidas entre mi corazón y el sufrimiento, solo en pie por mi mirada que miraba sus ojos, lentamente me fui secando como se secan los sauces que los inunda el río, como un árbol de agua me seque por el exceso, por la corriente salitrosa de sus labios, que me trajeron palabras que hubiera querido escuchar de otra boca, de otra fuente, pero ahora, que de golpe corrían a raudales de su boca pequeña, su táctica, luminosa, prístina, me fue inundando de sentimientos encontrados; su estrategia, olorosa a tierra podrida de estanque, podridas las palabras de tanto esperar a que las dijera otra boca, no la de ella. Pero las dijo, las fue pronunciando suave, lento, amargo animal que soy, que he sido. Así lo dijo Jaime, yo no lo se de cierto, lo supongo, supongo que en algún lugar, alguna vez, un hombre y una mujer se aman. Como aquella vez Octavio, cuando de tus libros tome ese soneto, profundo como el mar… el mar y tu plural espejo, el mar de torso perezoso y lento…, y lo puse de separador en el libro de aquellos días, aquellos en que le tiraba mis deseos en forma de uvas verdes, y que ella se las comía con delicia, y escupía sin piedad los huesos y mis deseos…
Como aquella vez, si como aquella, te acuerdas José Luis, cuando tome tus palabras y las puse a la entrada de mi cuarto embarradas con acrílico de colores pastel, como carnada para que aquella entrara, como nube, como mar, como olvido, como todo lo que fue y que ha sido, y no mordió el anzuelo y menos se quedó, y tampoco dijo esas palabras como filo de obsidiana, como para matar a este amor guerrero y mandarlo a acompañar al sol al salir el alba.
En cambio, esta vez estaba inundado, completamente ahogado en el mar poético que de tanta sed quedaba muerto, muerto de hambre y de sed como tu César, como te consumiste en Europa, de hambres y de fríos, así me consumí en esos segundos tan largos, tan dolorosos en que esa mujer le jugó aquella broma de muerte a mi corazón, con esa baraja, con esos dados eternos, me engañó en sus ojos tristes y dulces como ese poema tuyo Cesar...
Como no matarse por su amor Manuel, como no suicidarse en un nocturno de amor y de desespero, porque cuando quieres oír esos versos no los oyes, porque no hay palabra que compita con el universo, con ese universo que conspira para que yo la ame como la amo ahorita, en esa ternura de voz, en esos ojos grandes y hermosos, con ese nombre que no es Rosario, pero que es nombre al fin, nombre de mujer, porque mujer son todos los nombres, porque cada que la veo, cada que la oigo, me desmorono como un montón de piedras mal puestas, porque he logrado ver a esa mujer de diferentes maneras, de diferentes formas, para no matarme solo una vez como tu, si no matarme muchas veces, de muchas maneras, en muchos tiempos, violentos algunos, agonizantes otros, amor de muerte en cada suspiro, en cada nombre diferente cuando la nombro muchas veces, la pierdo y la gano, la dejo y me abandona ella.
Como no morirme Manuel, porque no hay mejor verso que aquella puñalada trapera que se le encaja a uno a traición como esa tarde, esa mañana o esa noche en que lo que menos se piensa es morir, como te moriste tu, como se murió mi tristeza, para ponerse mas triste aún, como se murió su nombre para atravesarse de repente con otro nombre de mujer, con otro perfume, con una mirada que no pudo sacarle ni una sola palabra a mi impaciencia de hablarle hoy, hoy precisamente que deje morir ese momento único e irrepetible.
Lentamente levantó el tequila, una bocanada de tabaco rubio, que se mezclo en una niebla de recuerdos de amor y de muertos, de poesía y de un dolor tan dolorido, y de un suspiro corto, apretado, apretando el corazón, sorbió un trago, y se aguantó las ganas de repetir su nombre, y un silencio enorme surgió en sus recuerdos y en sus amores, y acalló ese dolor y esos amores, bajo la luna menguante de este noviembre de muertos RAMON ZARATE JALI.
Como aquella vez, si como aquella, te acuerdas José Luis, cuando tome tus palabras y las puse a la entrada de mi cuarto embarradas con acrílico de colores pastel, como carnada para que aquella entrara, como nube, como mar, como olvido, como todo lo que fue y que ha sido, y no mordió el anzuelo y menos se quedó, y tampoco dijo esas palabras como filo de obsidiana, como para matar a este amor guerrero y mandarlo a acompañar al sol al salir el alba.
En cambio, esta vez estaba inundado, completamente ahogado en el mar poético que de tanta sed quedaba muerto, muerto de hambre y de sed como tu César, como te consumiste en Europa, de hambres y de fríos, así me consumí en esos segundos tan largos, tan dolorosos en que esa mujer le jugó aquella broma de muerte a mi corazón, con esa baraja, con esos dados eternos, me engañó en sus ojos tristes y dulces como ese poema tuyo Cesar...
Como no matarse por su amor Manuel, como no suicidarse en un nocturno de amor y de desespero, porque cuando quieres oír esos versos no los oyes, porque no hay palabra que compita con el universo, con ese universo que conspira para que yo la ame como la amo ahorita, en esa ternura de voz, en esos ojos grandes y hermosos, con ese nombre que no es Rosario, pero que es nombre al fin, nombre de mujer, porque mujer son todos los nombres, porque cada que la veo, cada que la oigo, me desmorono como un montón de piedras mal puestas, porque he logrado ver a esa mujer de diferentes maneras, de diferentes formas, para no matarme solo una vez como tu, si no matarme muchas veces, de muchas maneras, en muchos tiempos, violentos algunos, agonizantes otros, amor de muerte en cada suspiro, en cada nombre diferente cuando la nombro muchas veces, la pierdo y la gano, la dejo y me abandona ella.
Como no morirme Manuel, porque no hay mejor verso que aquella puñalada trapera que se le encaja a uno a traición como esa tarde, esa mañana o esa noche en que lo que menos se piensa es morir, como te moriste tu, como se murió mi tristeza, para ponerse mas triste aún, como se murió su nombre para atravesarse de repente con otro nombre de mujer, con otro perfume, con una mirada que no pudo sacarle ni una sola palabra a mi impaciencia de hablarle hoy, hoy precisamente que deje morir ese momento único e irrepetible.
Lentamente levantó el tequila, una bocanada de tabaco rubio, que se mezclo en una niebla de recuerdos de amor y de muertos, de poesía y de un dolor tan dolorido, y de un suspiro corto, apretado, apretando el corazón, sorbió un trago, y se aguantó las ganas de repetir su nombre, y un silencio enorme surgió en sus recuerdos y en sus amores, y acalló ese dolor y esos amores, bajo la luna menguante de este noviembre de muertos RAMON ZARATE JALI.
* Alejandro Tamariz Campos egresado de
la Facultad
de Derecho de
la Benemérita Universidad
Autónoma de Puebla, combina la pasión por la pintura y las letras con el ejercicio profesional.
Más de la obra de Alejandro Tamariz Campos:
- Amor confundido
- Recuerdo restaurado
- A caballo el amor
- La poesía, en la prosa de Juan Mairena
- Sueño profundo
- El lado oscuro del corazón
- Hombre mirando al sudeste
- Viento tercero: viento que canta la primavera pospuesta
- Viento segundo: viento que se muere como el último aliento, como el soplo de vida que termina, como termina esta historia, en un suspiro
- Viento primero o de las armas del viento
- Amor confundido-soneto
- Yo quería a mi padre
- Flor de flores era ella
- Los rostros en el espejo
- Yo sólo me defendí
- Las fuerzas del sur
- Las otras fuerzas del sur
- Día de muertos
- Otro día de muertos
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