CUANDO
LAS PUPILAS SE ADENTRARON
Por:
Francisco Garzón Céspedes*
Entonces apareció la mujer, unos diez años más joven, se detuvo enfrente, a unos pasos, mirándolo hasta buscar sus ojos, el fondo de sus pupilas. Cuando las pupilas se anudaron, los dos sonrieron con sosiego, en armonía. El anciano se levantó y, al desanudarse las miradas, volvió a parecer desasosegado. Y se quedó sin moverse, de pie. Cuando las pupilas volvieron a adentrarse unas en otras cada uno avanzó hasta que los cuerpos se juntaron y, sin abrazarse, se apoyaron cada quien contra cada quien, sin estremecimientos, sin enigmas.
*Francisco Garzón Céspedes (Cuba/España) fundó y dirige la CIINOE (Cátedra Iberoamericana Itinerante de Narración Oral Escénica)
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