UN DÍA MÁS DE DIARIO
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- A TRAVÉS DE MIS OJOS -

UN DIA MÁS DE DIARIO

(Relato)

Por: Carlotta Ferrer

Diario. Carlotta Ferrer

Me siento aturdida, desconsolada, abandonada, y no lo puedo evitar. Sé que es mi culpa, parte de mi personalidad, pero eso no significa que el impacto sea menor. No tengo nada que hacer, aquí sola en mi cuarto, invadida de melancolía, con un velo alrededor que me separa de la realidad. Siento como si flotara a la deriva. El aire es pesado en mi pecho y nunca me satisface. Ni siquiera los libros captan mi interés, sólo me llena la abrumosa sensación de soledad.

 

 

Escribo porque nada más tiene sentido, porque ni la manzana-a-medio-comer de mi buró ni los dulces regados por el piso de mi cuarto se me antojan para llenar el vacío, no es ese tipo de vacío de todos modos.

Escribo para distraerme, no sólo de las ensoñaciones utópicas que asaltan mi cabeza, pero también del llanto que amenaza con aflorar. Aclaro que casi nunca lloro, no es natural en mi carácter estable. Sentirme apesadumbrada tiene efectos anormales en mí.

Escribo para liberar las palabras atoradas en mi mente, con ecos resonantes que marean.

Escribo porque hace mucho no lo hacía, distraída en falsas fantasías.

Y finalmente, escribo porque tengo el humor necesario para que fluyan las palabras en el papel.

Deseo salir, si quieren llamarlo huir del enclaustramiento, del mortal aburrimiento. Pero gracias realidad por dejarme un moretón en la cara, dejándome claro que por más que lo quiera, no va a ser.

Odio, detesto con todas mis fuerzas sentirme mal, menospreciada, olvidada, prescindible y si quieres, hasta sobrante.

Soy las palomitas olvidadas en el micro, hechas, listísimas para salir y ser útiles (en este caso para ser comidas las pobres), pero son olvidadas en el último minuto. Completamente olvidadas, inútiles y encerradas en el micro.

Tengo sed, mi boca seca reclama agua, la cual, después de tomar, ocasiona más sed.

Me quedo viendo la noche, que se asoma por la ventana. Me imagino el aire fresco soplando en mi cara, las estrellas brillando sin que nadie lo note, pues han sido opacadas por la luz eléctrica. Oír los sonidos de una ciudad lista para dormir.

Me cubre una ensoñación. Mi mano se torna pesada, torpe. Mis párpados no entienden por qué siguen abiertos. Mi respiración es cada vez más superficial.

Mañana será otro amanecer, lleno de nuevas expectativas y clima cambiante.

Me sumerjo en mis sábanas, dejando mis recuerdos e inquietudes en el olvido, al menos hasta mi despertar.

 

Carlotta dejó la pluma en el buró, estaba a punto de irse a dormir. El papel resbala de la cama, cae al suelo. Ahora el mundo subconsciente lo es todo, al menos hasta que el despertador suene a la mañana siguiente.

 

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