
14 de julio de 2016
¿DULZURA?
Ella se asomó a la calle por el balcón que había hecho con terrones de azúcar, esperanzada de que aquel diabético que la acosaba, decidiera asumir tan dulce suicidio.
ESCRITOR
El escritor puso delante de sí su máquina de escribir, y encima de ella, ése flo-rero que, como lo que él escribía, sólo parodiaba a los clásicos, sin alcanzar su estilo ni aportar nuevas ideas.
EXPERTA
Ella no le dio el beso, sino que pasó aire desde su boca a la de él sin rozarle siquiera los labios. Así le habían enseñado a hacerlo cuando, en las clases de primeros auxilios, aprendió a revivir a los ahogados.
ELLA Y ÉL
La campana de la iglesia redobló inesperadamente esa madrugada, y todos salieron de sus casas, menos ella. Él jamás oiría aquel redoble que anunciaba, al fin!, la muerte de los dos.
DESPUÉS
Ella le sostuvo la mirada y él aceptó el desafío. Pasó un minuto, diez. Una hora, diez. Un día, diez. Una semana, diez… y un año después él se enteró de que ella era ciega.
Imagen: taginstant.com
José Víctor Martínez Gil y Thelvia Marín Mederos. CIINOE, Ediciones COMOARTES.








