
14 de julio de 2016
AGUJAS
Aquella mujer compró una bufanda. Cuando llegó a su casa, sacó las agujas y comenzó a destejerla, igual que todas las otras que había comprado desde ese día. A pesar de su empeño, no logró diferenciarse de aquella odiosa Penélope que le había robado su amor.
AUSENCIAS
El teléfono sonó. Estaba en la mesita del salón. Pero el salón no existía. Tampo-co la mesita. Aún así, él fue ilusionado a contestar. Cuando descolgó el aparato la almohada cayó al suelo y su mano se aferró con desesperación, a la sábana vacía.
BOLA DE CRISTAL
La adivina dijo a su clienta “mire fijamente la bola de cristal”. La clienta respon-dió “sospecho que quien debe mirarla en este momento es usted”. Desde el fondo de la bola de cristal la calavera, guadaña en mano, las miraba a las dos, riendo macabra, de oreja a oreja.
BRÚJULAS
Frente al altar, el sacerdote solicitó los anillos de matrimonio, pero en la cajita había dos brújulas que señalaban dos puntos opuestos del planeta.
CANCIÓN DE CUNA
La mujer arrullaba a su recién nacida entre sus brazos, y mientras le cantaba ésa canción… ésa… ¡ésa!... ¡¡ésa!! que tanto odiaba, porque la escuchaba desde que estaba en el vientre de su madre, pensaba en el momento en que su recién nacida, se la cantaría a esa... ¡esa!... ¡¡esa!!
Imagen: hojasdeboj.com
José Víctor Martínez Gil y Thelvia Marín Mederos. CIINOE, Ediciones COMOARTES.








