El desertor
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28 de junio de 2016

PRÓLOGO

Sobre la línea tiempo-espacio, cada ciudad tiene sitios y rincones en los cuales la Historia hace nido. Puebla no es excepción.

Una casa; sucesos suspendidos dentro de su ambiente: Una casa colonial, transmutada en acervo de poesía, literatura y conocimiento.

Un entorno, adonde sus acontecimientos pasados y presentes tejen con hilos de recuerdo y añoranza aquello que la envuelve e identifica:    -PROFÉTICA-

La radiante luz de la mañana cae oblicuamente sobre las mesas de lectura.

Y junto con el nácar iridiscente de la vespertina opacidad, en donde  ya la noche se sugiere se toman de la mano de un mudo personaje que la habita, llamado silencio-

Las palabras aquí se encuentran suspendidas, calladas a fuerza de tragarlas.  Las vivencias, los recuerdos, el golpetear de las experiencias intelectual-emotivas provocadas por los libros, se enlazan así mismo paseándose yendo y viniendo por los espacios, saliendo luego  afuera a caminar entre los charcos de luz de los faroles del parque y sus alrededores, hablando a borbotones lo que allá adentro tienen que callar.

Los fantasmas abren entonces los portones y con sus algodonosas transparencias salen a escuchar, para después contar lo suyo: hechos, narraciones, leyendas, cuentos: Guardados en cada fachada en cada patio, en cada calle.

Centro Histórico, antiguo corazón de una ciudad que se desparrama y crece, pero que allí guarda con celo sus orígenes y así mismo también sus secretos, en un latir añejo de memorias.

La Autora.

 

El Desertor

1863: Durante el sitio a la ciudad de Puebla

Se había escondido entre el cascajo de los escombros de aquella casa, en donde ya por días había permanecido por temor a que pudiesen encontrarlo. El constante sobresalto en el que había vivido todo aquel racimo de largas horas, le estaba apretando las entrañas y el  corazón. Todo el pandemónium acontecido le desgaja en golpe tras golpe que los acontecimientos pasados le iban propinando.

¡Qué horrenda situación!  ¿Y realmente para qué la había provocado?  . . .

-¡Sánchez! Le toca la ronda de inspección de las 00:1 a las  06:00 hrs.

-A sus órdenes, mi Teniente.

Ahí se desató todo, porque empezar, había empezado desde el malhadado día en que decidió ingresar al ejército, decisión motivada más por la necesidad que por vocación o deseo.

¡ Qué fregadera! Primero los gringos y ahora los galos. Estaba harto del polvo, el hambre, la mugre, los bichos,  la falta de descanso apropiado, las órdenes continuas; de  hecho estaba harto de todo.

Aquella noche, parado haciendo guardia, sintió el silencio amenazante del peligro, el frio de la madrugada que lo engarrotaba. El pensamiento le hacía eco en la cabeza.

¡ Maldito sitio! Cuando iba a terminarse. Luego oyó un mover por detrás, algo se arrastraba a sus espaldas. Los sentidos se le alertaron, pero se paralizó, y un escurrir helado le bajó hasta los muslos.

Le cayeron encima dos desgraciados franchutes. Sintió que la muerte lo abrazaba. Rodó por el suelo, tratando  desesperadamente de zafarse, luchando por sacar la bayoneta.

-Tues-le,.. tues-le !

-Non,..toi. ¡maudit¡

No supo de dónde sacó las fuerzas, y con un enorme esfuerzo generado por el terror, logró desprenderse de aquel brutal enganche y huyó con tan sólo una herida poco profunda en el hombro.

Corrió, se escabulló, se precipitó entre los escombros  hacia el lado opuesto y luego siguió corriendo hasta caer exhausto bombeando adrenalina hasta por los poros. Se quedó tirado en el suelo exhalando el olor  ácido del miedo, jadeando por largo rato. Lo habían perseguido por un buen trecho, pero al pasar los escombros se detuvieron.  Allí entre el lodo y el hedor de las hojas muertas en descomposición decidió que para él, aquella condenada guerra se había terminado. ¡No más ¡Estaba harto¡ Que todos se fueran al carajo !
 
-Eso no es derecho Antonio, sabías muy bien que Anita andaba conmigo desde hace buen tiempo  ¡y te valió¡ ¡Mira,tu supuesta amistad ya te la puedes tragar, traidor!   Te la fuiste envolviendo a mis espaldas hasta que me la quitaste.  Sabes lo que eres, nada más que un reverendo hijo de…

-Para que me estás acusando, ella fue la que quiso venirse conmigo, seguro tú no le diste lo que quería. Mira a mí no vengas a quererme hacer parecer lo que no soy. Total, las viejas son siempre así. ¡Ingratas¡ Nomás buscando su conveniencia.

-¡Cállate! La Anita no es así.

-¿NO? Entonces por qué no se quedó contigo.

-Pues porque la anduviste sonsacando, idiota.

-¡¡Ya cállate!! Y mejor lárgate, ya me hartaste.

-Cuantas hemos pasado juntos en el condenado ejército y ahora me vienes a salir con  ésta. Ni me vuelvas a hablar. Y sabes, ojalá te den un balazo y no salgas vivo esta vez.

-Párale, imbécil no me eches la sal. Como si tu fueras tan bueno. Cuando andábamos en contra de los gringos, no te jugaste por dinero a las cartas a la colorada.

-Pero ésa no era querencia.

¿ Y a poco la Anita sí ? Mira, mira…

No te voy a contestar, estúpido. Atragántate con tus burlas. Y ahí te va uno para que aprendas a respetar lo ajeno. 

Se agarraron a golpes, frenéticos con odio, hasta que apareció un oficial a separarlos y acabaron en arresto. Como secuela a él le quedó un ojo hinchado todo amoratado, y a Antonio un diente flojo y roto.

Allí metido a fuerza en el silencio de la espesa noche, se estaba acordando de la traición del que fuera su mejor compañero de armas y ahora ex-amigo, y de la mujer que aún quería.. . ¡Qué se fueran los dos al diablo¡

Pero todavía le dolía, y la rabia y un escozor en los ojos y el corazón le punzaban.

Ahora qué iba hacer. Ya llevaba huyendo una semana y ni aunque quisiera regresar, se podría. Cómo iba a explicar su ausencia, además no quería volver a verlos. ¡Eso no! Se había ya vuelto un cochino desertor.

Le ardía el estómago de hambre y una debilidad le atenazaba el cuerpo. Tendría que meterse hacia la ciudad y tratar de conseguir algo para comer, aunque solo fuese un pedazo de pan. ¡Total!  a lo mejor ya lo daban por muerto.

Ya estaba por amanecer, mejor sería hacerlo ahora y perderse luego entre la gente. Tendría también que conseguir ropa, no podía seguir  llevando el uniforme porque eso lo señalaba automáticamente. Además le ardía horrible la herida, que parecía querer infectarse.

Piensa, piensa… Y qué tal si se llegaba a la casa de la pareja del chinaco, era la única persona que conocía en Puebla, porque él no era de allí.

Se empieza a mover con cautela, encaminándose hacia Sta. Inés, ella vivía por ahí cerca. Pero tendría que ser muy cauteloso, aunque ese fuerte ya parecía que lo habían volado parcialmente, con seguridad habría aún soldados ahí.

Los primeros rayos lechosos del amanecer disipan la negrura de la madrugada cuando llega a aquella casa. Le cala el rocío frío de las primeras horas, va caminando metido dentro de una burbuja de soledad. Su caminar va sumergido en aquel silencio que abraza el tiempo. Está pensando si tocar o no, por la hora, cuando se abre la puerta y sale Julia la mujer del chinaco.

-Y ora, usté aquí.  ¿Pos qué pasó?

.Nada, que ya me harté..
 
-Y si lo agarran…

-Por eso vengo a pedirle un cambio de ropa y un pan o una tortilla. No he comido nada desde hace una semana.

-Pásele pues, ahorita veo que le puedo dar, siéntese en aquella silla.  Le voy a servir café, todavía tengo un poco, acabo de hervirlo. Tome, y ahorita le hago un par de gordas. Voy a ver que ropa le traigo.

Bebe con ansiedad el jarro de café. El líquido caliente le reanima, después de tantos días sin probar nada.

Regresa la mujer con un pantalón y una camisa.

-Ahorita le preparo unas gordas, ayer conseguimos masa.

El olor de la masa cociéndose lo marea, provocándole retortijones en el estómago.

-Tome, pero coma despacio,.. si no ha comido por días le vaya a caer de peso.

- Tiene razón, gracias.

-¿Y qué piensa hacer luego?

- Pues ver que trabajo sencillo puedo hacer a cambio de algo de comida y cuarto.

-Pos va a estar difícil, ya ve la situación en que estamos metidos, pero espero que tenga suerte.

Cuando acabe, si quiere recuéstese en la cama, pa´ que descanse, aseguro tampoco ha dormido nada.

-Dormitar nomás, escondido entre escombros.

-Bueno, pues ya va, ahorita le doy una cobija, luego se cambia.

-No, mejor de una vez, estoy muy sucio.

-Le entibio entonces un poco de agua.

-Sí, gracias.

Aseado y cambiado se tiende sobre la cama, la mujer lo cubre con el sarape. El calor de su cercanía le provoca recuerdos, huele a jabón y a algo más que no identifica, quizás alguna hierba que le pone a su ropa.

-Duérmase pues, ahorita regreso. Voy a ver qur consigo pa la comida.

- ¿Desde cuándo no ve al chinaco?

¡Uy, ya va pa´rato! Con el sitio no los dejan moverse, sólo a veces a los oficiales.

Se desploma de golpe en un pesado sueño profundo carente de imágenes… flotando en un espacio que se desliza plagado de silencio.

No tiene idea cuanto ha dormido; abre los ojos, un rayo de sol cae sobre la cama, su calor le hace bien. Con los ojos fijos se queda viendo el polvillo que danza en él. No está despierto del todo, las memorias se le entrelazan con el adormilamiento…Siente detrás un movimiento y está por voltearse para ver, cuando  el cuerpo tibio de Julia se pega al suyo abrazándole, un estremecimiento lo recorre. Ella le susurra al oído:

-Felipe,. .puede quedarse aquí todo el tiempo que quiera.

Con el sonido  de sus palabras, el corazón se le acelera: traición por traición, así era la vida. Nomás que aquel no era amigo suyo. Pero  de cualquier modo esta vez le había tocado a él ser el roba mujeres. . .

Imagen: taringa.net

Lilia Rivera.

 

 

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