Es un cuento, pero... ¿Si fuera realidad?
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25 de abril de 2016

Hacía cinco meses que la idea había germinado en el humilde departamento del INFONAVIT en Don Anselmo y la doña  María, recordando aquellas piedras en su pueblo que semejaban caritas sonrientes y la estela tallada donde había un ser, al parecer humano, con una gran cabeza, a la que los lugareños les llamaban los hermanos mayores.

Ambos eran de origen indígena.  Duro fue el echar raíces en México al llegar con sus seis hijos. Ella tenía 25 años, él 32. 

Anselmo Pronto encontró ocupación como cargador en el mercado de abastos  y barrendero. Hasta que aprendió a manejar, entonces un compadre le dio la oportunidad de trabajar conduciendo una combi.

María, también  apoyó con su trabajo: haciendo el aseo en casas,  después se asoció con una vecina y pusieron  un puesto de antojitos por la noche, muy cerca  de donde vivían.

Lo que aportaban los dos apenas era justo, para cubrir los gastos de la casa. Pero sabían que sus esfuerzos eran para que sus hijos tuviesen una enseñanza superior a la que ellos tuvieron, ya que apenas si sabían leer. Estaban orgullosos de sus hijos: una de  las cuatro mujeres fue a la universidad y con el tiempo se recibió de doctora; de los dos hombres uno fue maestro conjuntando el estudio con el trabajo  y el apoyo de la familia. Los demás hicieron estudios técnicos y lograron buenos  trabajos.

Desde siempre los hijos escuchaban a sus padres comentar el gran esfuerzo que realizaron para que estuviesen preparados ante la vida. Don Anselmo continuamente platicaba cómo vivía en el rancho, donde desde corta edad trabajó de sol a sol por la miseria que le pagaban… una vida que continuó ya casado con María, quien para alimentar a sus hijos hacía largas caminatas para ir a lavar el nixtamal en el río y regresar a echar tortillas, que la familia comía muy contenta, a veces nada más con salsa de molcajete, viendo como la miseria los abrazaba.  Hasta que un día don Anselmo con decisión le propuso a su esposa:

-No es justo que vivamos así. Dicen que tenemos derechos y dignidad, María.  ¿Por qué no nos vamos pa’ la ciudad pa’ ver que encontramos allí pa’ nuestros hijos.
Mientras ella escuchaba a su marido, calentaba las tortillas en el comal y con el rebozo cargaba en su espalda al más pequeño de sus hijos, que miraba a sus  tres hermanos que los seguían en edad, medio  vestidos y llorando, sentados en el suelo de tierra  de la choza de carrizos.

María  le respondió con determinación:

-Anselmo, vámonos. A ver si allí mejoramos nuestros derechos, tenemos de regreso  nuestra dignidad que nos roban y mejora el dinero.

Habían pasado 32 años de esa decisión que los llevó a vivir en Iztapalapa.
Nunca dejaron de  escuchar y opinar sobre las injusticias, pues lo habían vivido en carne propia,  era nato en ellos filosofar sobre la vida. Doña María, a veces hasta con coraje, platicaba con sus hijos y nietos, quienes también participaban con sus comentarios:

 -No es justo que se hagan tantos sacrificios para vivir con algo de dignidad… y  por lo que veo en la tele y se comenta, es por todos lados  del mundo.

Su esposo le respondía:

-Tienes razón: no es justo ¿Por qué vivimos en un mundo donde para los pobres el conseguir las cosas tiene que ser con mucho sacrificio, o vivir guerras que  unos pocos crean  por ahí, para que muchos mueran por sus canijos intereses?

 -¡Cómo es posible que estemos en el mes de  Octubre del 2015 y en el mundo vivimos con terror, en vez que se imponga la paz. ¡¿Cómo podemos   parar tanta maldad?!

María, con esa sensible emoción tan suya le contestó:

-Pos, tal como anda la humanidad por culpa de los canijos que la controlan, ya no hay para donde irse,  pero...

Tras un momento de silencio en que quedó pensativa, empezó a reírse:
- ¡Jajajajaja! ¡Qué idea la mía!

Y  ese día decidieron llevarla a cabo, entre bromas, risas, pero convencidos de responder a la pregunta que se formularon:  ¿y, por qué no?

Empezaron a reunirse el primer domingo de cada mes a las doce del día, siempre de la misma manera, siempre participando toda la familia, siempre con el mismo fin, siempre con igual certeza.

Habían pasado ya cinco meses, hoy  día 6 es el primer domingo del  mes de Marzo del 2016. Una vez más los hijos y nietos de don Anselmo y doña María, tres amigos y  seis vecinos de la familia, a las doce del día se encontraban en la azotea de un inmueble de tres pisos.

Ahí estaba la mesa rectangular,  no muy grande. La adornaba  un mantel blanco y otro que cubría lo que había sobre ella. Había cinco copales con incienso, cuatro de ellos  señalando los cuatro puntos cardinales, que ceremoniosamente colocó  don Anselmo, vestido con su traje  indígena, blanco, de manta. María, vestida con falda y blusa bordada por sus propias manos y sus cabellos color ceniza en dos trenzas recogidos con un listón rojo, como era su costumbre.
Luego todos tomándose de la mano formaron  un círculo. En el centro se encontraban don Anselmo y doña María. Don Anselmo tomó el incensario con el copal humeante por el carbón encendido. Lo elevó hacia el cielo que donde se veían lejanas nubes y un sol radiante. Las calles que se divisaban desde allí tenían el tránsito menos fluido que el resto de la semana. Don Anselmo con el copal en la mano  lo pasó por todos los presentes, luego lo dejó en el suelo y se colocó al lado de su esposa. Elevó los brazos y lo máximo que daba su voz y, poniéndole esperanza, empezó a gritar.
-¡Hermanos Extraterrestres! ¡Los esperamos! ¡Vengan por favor!
Hubo unos minutos de silencio escudriñando todo el cielo para ver si se percibía la señal que tanto estaban esperando.
 Esta vez fue su esposa la que también con los brazos en alto  empezó a gritar:
    -¡Por favor, vengan Hermanos Extraterrestres! ¡¿Nos escuchan?!  ¡No tenemos otra forma de comunicarnos con ustedes! ¡Los necesitamos! ¡Socorro! ¡Hermanos Extraterrestres! ¡Ayúdennos!
Quince minutos pasaron en total silencio,  tan sólo se escuchaban los ruidos de los carros que circulaban en las calles. Los presentes hacían caso omiso de las señas, que a manera de burla, les hacían vecinos desde otras azoteas cercanas.
 
Don Anselmo propuso:

 -Bueno,  que les parece: si gustan, nos bajamos. Ya hemos cumplido con el llamado a nuestros Hermanos Extraterrestres y saben que los esperamos, ellos sabrán cómo respondernos si lo desean. Les propongo no desistir y el mes próximo nuevamente los llamamos. Ahora nos podemos bajar y comemos un taquito.

 Todos estuvieron de acuerdo, sin dejar de mirar hacia todos lados el cielo.

La seño María inicio el descenso comentando.

-No importa que se burlen los vecinos. Un día, estoy convencida, responderán los Hermanos Extraterrestres.

Al terminar de hacer el comentario. Repentinamente una voz, que nadie podía determinar su procedencia, le respondió resonando ampliamente con potencia por todos lados a la vez:

-Aquí estamos, hermanos terráqueos, venimos a su llamado ¿Qué desean?

Emocionados, nerviosos, se miraron unos a otros exclamando con alegría:

- ¡Son ellos! ¡Respondieron!

Atónitos quedaron todos al ver como súbitamente  una nave, con características de las que muchas veces se habían mencionado en avistamientos de OVNIs,  redonda, de un color grisáceo,  de unos cincuenta metros de diámetro rodeada de ventanas, sin hacer ni un solo ruido, se quedó  inmóvil suspendido a unos  treinta metros de la azotea.

Más que estupefactos quedaron aun cuando  segundos después miles de OVNIs, redondos de unos veinte metros  de diámetro,  se colocaron a la misma altura y espectacularmente  salieron unas extensiones del mismo color que las naves para unirse formando una red de donde salió  la voz potente y clara que les hablaba:

 -Hermanos Terráqueos: aprovechamos su llamado para conectarnos con todos nuestros hermanos a nivel planetario. Es decir, en estos momentos en todo su planeta estamos presentes. Y por las extensiones que ven todos los seres humanos escucharán  nuestro mensaje comprendiendo de la misma manera, sin importar el idioma que se habla en cada país, y  también cuando ustedes hablen, todos  escucharán lo que dicen.

Lo que sucedía era tan inaudito como el contemplar a la gente en las  azoteas y las calles mirando al cielo, igual que quienes vivían en los campos  eran testigos de un avistamiento de tal magnitud  que algunos gritaban, mientras que otros tan sólo como hipnotizados miraban.

Emocionado seguía con las manos en alto,  don Anselmo de tez morena, delgado, mediana estatura, canoso ya su cabello,   parecía enmarcar en su rostro sus grandes ojos que llamaban la atención por su mirada profunda.

 -Gracias, Hermanos Extraterrestres, por responder a nuestro llamado. Mi esposa fue la de la idea y le pido a ella que les explique por qué.

Doña María, también muy emocionada se limpiaba las lágrimas, aquella mujer robusta también de tez morena y mediana estatura, cuya belleza se encontraba en la dulzura de sus expresiones aunque no tanto en su físico.

 -¡Gracias, Hermanos Extraterrestres! (Paró unos segundos al escuchar su propia voz tan potente que salía por las extensiones) ¡Gracias,  por estar aquí hoy! Esto lo propuse  para pedirles su ayuda, es un socorro por nuestro Planeta Tierra. Aquí no podemos confiar en nadie para que se imponga la paz, armonía y respeto. Nadie tiene las agallas de hacerlo. Todo lo solucionan con guerras,  nos pesan las hambrunas, la inseguridad. Por más que la mayoría de la humanidad desea paz, armonía y abundancia, no llega. Los que tienen el  poder de hacerlo  no pueden o no quieren, no sabemos por qué.   ¿Qué dicen, Hermanos Extraterrestres? ¡Ayúdenos! ¡Socorro! ¡Por la paz y el respeto! ¡Aquí no contamos con nadie! Por eso nuestro llamado. Gracias.

Se escuchaban aplausos y gritos de  ¡Socorro! ¡Ayúdennos, por la paz! El planeta se quedó en silencio cuando hablo la voz:

-¿Qué decimos? Hermanos terráqueos: es un problema grave el que sufren. Es inaudito que sigan así. Nosotros   le llamamos  al planeta Tierra “el planeta donde viven los  esclavos del papelito de la estafa”.  No hay otro en el cosmos así… Me explico mejor, hermanos: son esclavos en trabajos  de sol a sol por obtener dinero, que  es un simple trozo de papel, para poder vivir. ¡Increíble que la vida de penda de ese trozo de papel! Igual se tiran toneladas de papel a la basura. ¿Por qué no lo reciclan y lo hacen dinero? Al menos contaminarían menos, porque ¡Cómo tienen al pobre planeta! Así no sufrirían tanto para obtener el “papelito de la estafa” y ganarían decentemente. Aunque sabemos hay para todos de sobra y podrían vivir con el respeto y la dignidad que se merecen. Como es posible que les engañen diciendo ¡No hay! ¡Por favor!  Preguntemos  ¿Para quién no hay?  Y  ¿Por qué?
Un gran clamor mundial se escuchó en aplausos. Nuevamente se hizo el silencio al  continuar la voz expresar:

 -¡Ojala! Mientras estemos  con ustedes los responsables decidan dar la cara y explicarles ¿por qué? Sí hay para todos, aunque no lo comparten.  ¿Por qué los mandatarios no cobran el sueldo mínimo? Al fin que tienen todos los gastos pagados… es lo que sabemos y todavía cobran su sueldo vitalicio cuando trabajaron solamente unos pocos años  ¿y para ellos si hay?  Y ustedes tienen que esperar hasta los sesenta y tantos años  para cobrar  una pequeña compensación y casi no hay para pagarles ¡Curioso lo vemos eso nosotros!

   Nuevamente  el clamor fue seguido de aplausos.  Esta vez fue don Anselmo quien intervino:
- Curiosísimo lo vemos nosotros también. Es cierto lo que dice, Hermano Extraterrestre, sobre la “estafa del papelito-dinero” y todo lo demás. Así como por otras cosas que no entendemos por qué no hacen su real labor la ONU, los derechos humanos y tantas instituciones más que no paran ni una maldita guerra, menos imponen los derechos humanos. ¡Paz! Es lo que deseamos.

Nuevamente en el planeta los a plausos resonaron. Las voces de todas las naciones clamaban la única palabra universal: ¡Paz! ¡Paz! ¡Paz!

La voz se escuchó nuevamente firme  para comentar.

Es el único planeta que aún vive de una forma en la cual no deseamos, pero se pueden tomar ejemplo de algunos aspectos…

Doña María le respondió con algo de humor en su voz:

-Desde luego que lo del “papelito de la estafa”  para nada lo tomarán de ejemplo.

Divertida y jovial aquella potente voz reía, para luego decir:

 -Ja,ja,ja, pero para nada.

Doña María  le preguntó con gran esperanza en su voz:

 -¿Pueden ayudarnos? Hermanos Extraterrestres.

 El planeta entero fue envuelto en un silencio humano que quedó esperando la respuesta. La voz expresó:

-Hermanos, sigamos esperando a ver si hablan los responsables  de que esto cambie aquí.

- Jajajajaja -se escuchó. Esta vez era doña María la que reía:

- Ya estuvo que si no se ponen abusados también  los van a envolver con sus palabrerías que prometen y no cumplen, y luego se quedan tan tranquilos y frescos.  Por eso andamos cómo andamos.  Es más  fácil que los acusen de Terroristas Extraterrestres y digan que todos tenemos que salir a pelear por el bien de la humanidad, por nuestras vidas.

La voz aseguró a todos:

-Hermanos: estamos aquí porque nos llamaron. Les podemos asegurar que en estos momentos no pueden atacarnos. Hemos neutralizado todas las armas

Una gran ovación de aplausos resonó nuevamente en todo el planeta escuchándose desde todas las naciones: ¡Paz! ¡Paz! ¡Paz!

La voz nuevamente habló, pero esta vez con un tono que expresaba una gran sensibilidad:
-¡Paz, hermanos! También lo deseamos para ustedes. Comprendemos, sabemos y lo vemos que ya no  quieren vivir así.
  
Una vez más sorprendieron con su avance tecnológico, dejando a todos nuevamente en silencio y atónitos cuando vieron que el cielo se transformó en una gran pantalla de televisión a nivel mundial viéndose  las guerras, las hambrunas, todo aquello que hacia sufrir a la mayoría  de los seres humanos y el lujo insultante con que vivían otros que eran la minoría.

Doña María estaba llorando con su mirada fija en todo lo que se veía en aquel gran televisor de plasma, entonces  comentó:

 -Sí. Esa es nuestra realidad. ¿Nos pueden ayudar? Porque aquí no sabemos en quién confiar; son más bien de no fiar. No queremos vivir así.

 La humanidad exclamaba:

- ¡Ayúdennos! ¡Socorro!

La voz se escuchó respondiendo:

-Sigamos esperando hermanos.

Don Anselmo con una ligera duda en su voz preguntó:

-Hay hermanos, tanto estamos esperando que….bueno… mientras aparecen o no, desearía, si me lo permite, preguntarles: ¿De dónde vienen? ¿Quiénes son ustedes, hermanos?

Jovial la voz respondió:

-Estaba esperando las preguntas, hermanos.  Me decía “ya se están tardando”.  Antes que me preguntes la tercera la voy a materializar para responderte a las otras dos.

Lo que se veía en el televisor-cielo se dejó de emitir. Ahora  lo que se transmitía  a nivel mundial era el OVNI de donde salía la voz. Se abrió una puerta allá arriba, de abajo salió una plataforma. Durante unos segundos los habitantes de la Tierra estaban con la respiración acelerada y sus miradas fijas en aquella puerta abierta ¡por fin, verían a un Hermano Extraterrestre que se presentaba real  ante todos ellos ¿Cómo sería?!

 Al hacer su aparición lo hacía aplaudiendo, y toda la humanidad hacía lo mismo. Eran tres seres, dos con apariencia de mujer una negra, la otra morena; el que semejaba la corpulencia de un hombre era rubio.

La voz ahora tenía un físico: alto, delgado, de gestos tranquilos, cabello  negro, tez blanca, ojos grandes ovalados con mirada infinita, sonrisa afable. Vestía una túnica blanca y una capa azul, tenía un buen parecido aunque su rostro, manos y pies calzados con sandalias doradas era algo más grande en proporción a la de los humano en el planeta Tierra.

-Me llamo Ónix,  hermanos.  ¿Quiénes  somos y de dónde venimos? Somos hermanos de distintos planetas de esta galaxia, me acompañan alguno de ellos, que hemos formado una unión de ayuda Intergaláctica desde hace muchos años. A lo mejor esto no lo saben ustedes pero nunca responden sus terráqueos  mandatarios porque  prefieren callárselo, pero hemos enviado innumerables señales de invitación para que se unan, para expandirse, intercambiar  experiencias, abrir su mundo a otras realidades que están ahí afuera.

Si me lo permiten  voy a emplear una expresión de ustedes que me hace sonreír cuando la escucho: sus mandatarios se han de sentir muy  pero muy chingones aislándoles. La verdad es que nosotros los  vemos muy solos.

Les comento que no todos, pero por ejemplo, del planeta que yo provengo vivíamos  como ustedes,  hasta que abrimos nuestras mentes  ¡que maravillas descubrimos! y la Paz y el respeto son nuestra única ley .Dejamos atrás envidias, discordias, pleitos, guerras, enfrentamientos, estafas y robos. Comprendimos que para salir adelante sólo puede construirse como verdaderos hermanos, uniendo los corazones y las manos, para que nadie carezca, para que todos sean felices, para trabajar por igual y cubrir las necesidades por igual, sin ser sojuzgados por nadie, sino cada uno ser dueño de sí mismo, y en esa autoridad propia elegir el bienestar y trabajar por él.

Tras una gran ovación de aplausos, esta vez fue doña María quien se expresó:

 -Hermanos, que bueno sería  ser partícipe  de esa unión intergaláctica ¿podemos ir con ustedes si aquí los mandatarios no abren más su mente y su corazón? Aunque, la verdad sea dicha, este es nuestro planeta-hogar para todos, y lo amamos, y deseamos en nuestro hogar común vivir en paz, no salir de nuestra casa, porque es duro decir: “Hermanos Extraterrestres, ¿nos abren las puertas de su hogar planeta porque en este no vivimos con seguridad? Porque, y retomo hermano lo que ha dicho, muy cierto ¡Como nos chingan por una u otra cosa! Es increíble.
 
 Ónix elevo los brazos ligeramente, y dijo:

 -Hermanos, en nuestros planetas las puertas están abiertas para el que desee ir. Que sepa que  su forma de vida será, paz, libertad y respeto. Comprendemos también que deseen estar en su planeta-hogar. Y si se unen  a la asociación  intergaláctica ahí los esperamos  para compartirles  nuestras experiencias y caminar con ustedes hacia otras.¡ Hay tanto ahí fuera que ustedes desconocen!
Nuevamente  una gran ovación mundial siguió las palabras de Ónix. Esta vez fue don Anselmo quien con un gesto algo preocupado preguntó:

 -Hermanos, también, les queríamos preguntar desde que estamos llamándoles nos hemos informado y parece ser que están por ahí fuera, en la galaxia, unos bastantes malvados, que se les llama, reptilianos,  grises… ¡qué sé yo! Y, bueno qué nos pueden decir ustedes sobre la religión.

Ónix dejo pasar unos segundos donde el ruido del silencio era estremecedor.

-Hermanos, no se preocupen por los que hay  por ahí fuera,  bastante tienen de reptilianos  y grises, humanos,  con ustedes que les hacen la vida difícil. La unión intergaláctica  que tenemos es de tal magnitud que los controlamos desde ahí fuera. La maldad esta en este planeta tierra con el papelito de la estafa”. El planeta Tierra está  habitado con unos seres humanos… la mayoría extraordinarios, vemos que al igual que ustedes tan sólo piden vivir en paz, deseosos de avanzar , pero están atrapados  en el tiempo. Para nosotros, de la prehistoria en relación al avance de convivencia en  los demás planetas, este encuentro es un gran paso. Esperemos que la sensibilidad toque las puertas de los corazones de sus mandatarios. Reitero los que lo deseen, cuando lo decidan, serán bien recibidos en nuestros respectivos planetas. O sea, hermanos, estamos respondiendo a su llamado de socorro  que nos pedía ayuda. Nuestra respuesta es: ¿de qué forma lo podemos hacer? visto que los mandatarios no aparecen para decirles a ustedes -ante nosotros como  testigos-  como  entregarles, la libertad, la paz, el respeto a sus derechos humanos, que por ley les pertenece.
 
Los que decidan venirse les damos un tiempo  de reflexión  nuevamente estaremos aquí, como ahora y los que tomen la decisión  de venirse, bien venidos,  pero  esperemos que para entonces ustedes sean capaces de unirse por la paz, ¿Cómo?  Con todo el respeto debido no somos quienes para decirlo, ¡ustedes los saben!, ¡ánimo! Y, sobre la religión, es algo tan personal para nosotros que no es tema de discusión en nuestras vidas,  tan sólo se respeta lo que cada quien crea. Hasta ahí.
Hermanos nos tenemos que ir. Es para nosotros un orgullo y les estamos enormemente agradecidos  por creer en nosotros. Gracias. ¡Por la paz!

Por todo el planeta sonaban  aplausos, y en diversos idiomas se repetía: “ paz, amor y respeto” durante varios minutos. La voz de doña María pedía hablar hasta que se hizo el silencio.

-Hermanos, permítannos antes de que se marchen, si lo aceptan, les ofrecemos este humilde presente que deseamos compartirlo con ustedes. (Se fue hacia la mesa, y retiró el mantel). Están frutas, si gustan agua o, la bebida de nuestros antepasados los hermanos prehispánicos, pulque. ¿Gustan? 
Los  tres hermanos cruzaron sus manos en el pecho, afables, a manera de aceptación inclinaron levemente la cabeza. Ónix comentó:

-Con muchísimo gusto, hermanos.

La plataforma se alargó hasta la azotea  mientras la humanidad veía esto en su pantalla celestial.
En todos los rincones del planeta los humanos se sumaban al brindis, tomando en su mano una bebida típica de su nación. Y se fueron  elevando los vasos o copas.

Doña María, emocionada, dijo:

-Hermanos  Extraterrestres, confieso que al principio no creíamos mucho. Pero nos dijimos ¿Por qué no? Se fue aferrando en nosotros una esperanza que hoy ha sido respondida. Gracias por su presencia a nuestro llamado. Gracias por su disposición en ayudarnos. Cuando regresen conocerán la  respuesta de la humanidad, ojalá, sea el acoplarnos a la unión de ayuda intergaláctica  porque aquí en la Tierra  se haya escuchado el clamor de la mayoría de los hermanos humanos.

Elevando su vaso dice:

-Por la paz, el respeto y el amor.

Toda la humanidad y los hermanos Extraterrestres, en sus respectivos idiomas exclamaron: ¡Salut! Por la paz y el amor.

Imagen: lagraninvocacion.files.wordpress.com

Antonia Estarlich escritora nacida en España, autora del libro Piénsalo bien antes de morir y las obras de teatro ¿Quién dice que el cielo es tranquilo? y ¿Por que no rezan los dioses?

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