- DELSUEÑO
A LA POESÍA -
Por: Alejandro Tamariz Campos*
Recordarás mi
nombre cuando veas que alguien quiere sin ser correspondido, cuando veas que se
puede resistir la negativa como la he resistido yo, cuando veas un terco te
acordarás de mi nombre, y te acordarás que te dije que te quiero aunque no me
quieras a mi, que no necesito de tu voluntad ni de tu consentimiento, que no
necesito del apoyo de tu familia ni de tus amigos, que para quererte no
necesito de tu permiso ni de tu piedad, que para quererte como te quiero, solo
necesito de mi voluntad inamovible, que es un acto unilateral, íntimo,
profundo, utópico, épico. Que quererte como te quiero es un ideal inalcanzable,
que la gloria de este amor se queda en el heroísmo de la muerte, y que es un
amor que muere joven ante la embestida de tu negativa rotunda, y por eso este
amor no muere de viejo en su casa, no acaba en matrimonio ni en cursilerías, no
tiene hijos y no queda rastro de su existencia en actas públicas ni en actos
privados, solo muere joven como los héroes en los Mitos, como los héroes en las
batallas decisivas, y como el Cid Campeador, después de muerto seguirá
ganándole batallas a los que no creen en el Amor, a los que comercian con el
amor, a esos que lo compran y lo venden, a los que hacen tomos de moral con el
Amor, a esos que malversan el Amor, a esos que lo restringen y le ponen
requisitos, a esos que lo hacen recluta de las leyes de mercado, a todos juntos
les ganará la batalla este terco, tonto y loco Amor.
La gente lo veía como a un loco, como a un enfermo
de pulmonía que mañana iba a aparecer en cualquier hospital, y como un loco,
caminó lentamente ascendiendo la calle hasta que el frió lentamente fue
deteniendo su maquinaria, y como una maquina de tren que se cubre por el peso
de la nieve, así quedó RAMON ZARATE JALI, detenido en una esquina con los
huesos entumidos, con la funda de la guitarra totalmente mojada, con el traje
echado a perder por la lluvia y por el lodo, con el corazón que asomaba por sus
ojos con una tenue luz apenas perceptible, que lo mantenía apenas vivo, apenas
pudiendo hilar una idea confusa, cayendo en la cuenta que había caminado
siguiéndola y que cuando lo había negado y humillado, continuó caminando
siguiendo a su desprecio por la misma calle, sin rumbo ni sentido alguno, en el
extravío de ese mar de lluvia a donde su embarcación que zarpo a encontrar una
nueva ruta hacia el amor, ahora bogaba
contra la corriente de las aguas turbias de la calle.
Te acordarás de mi
amor contra corriente, te acordarás de mi en esos días de lluvia en que el frío
de la lluvia de mayo será más cálido que el frío de tu corazón de mercenario,
te acordarás que alguien te escribió un soneto y alguien te pintó este dolor en
colores tierras y en acuarelas rojas y amarillas, te acordarás de esta
desesperación que se transformó en poesía, y podrás decir que efectivamente,
alguien, alguna vez, estuvo perdidamente enamorado de ti, y que te diste el
lujo de darle esperanzas, y que después jugaste con ese amor, como juegan los
gatos con sus presas, a puro zarpazo, y que después te diste el lujo de
abandonarlo, de dejarlo inerme en el suelo, hasta donde cayó como caen las aves
enfermas de los árboles, como cayó este corazón que por ti transformó arterias
en alas, y que quiso volar como ICARO, y quedó quemado con el Sol inmenso de tu
desden, y que cayó a tierra para que lo pisotearas, para que lo negaras tres
veces, antes de que cantara el Gallo. Te acordarás de mi amor contra corriente,
cuando veas a lo lejos el atardecer sin mi voz y mis palabras, cuando veas que
las palabras mejor pensadas para el amor las tome prestadas para ti en esas
tardes, que te las ofrecí como tributo a tu belleza y al esfuerzo de esos
poetas, que la fuerza de la palabra se transformó en Amor por la intención y la
buena técnica literaria; que no basta el deseo, que no basta la liviandad de
las formas, si no es sublimada por la idea y por la inspiración divina, que no
basta que te quisiera como otros te querían, que la palabra reviste y decora,
que la palabra se postro ante tu belleza y ante mi deseo, y combinó una extraña
mezcla en el alambique de mi corazón que destilo tu nombre en mi garganta, que
fueron las cuerdas de mi corazón las que tañeron tu nombre en un canon hasta el
infinito, que mi amor contra corriente será capaz de destilar un poco de amor
de todo el sabor amargo que ahora muerdo.
RAMÓN ZÁRATE JALI, quedó inmóvil ante la lluvia, y
con esa pequeña luz que emergía de su corazón y de sus ojos, pudo localizar las
coordenadas mas cercanas de la casa de uno de sus amigos, y moviéndose
mecánicamente torció el rumbo hacia la izquierda, y camino lentamente en la
lluvia que había aminorado, tres calles más y cuatro hacia la derecha, y toco
fuertemente la puerta, hasta que la cortina de la ventana lo reconoció en la
lluvia. Y aquel amigo lo invitó a pasar desconcertado, casi reclamándole con el
mismo asombro su estado y su pasmo. La guitarra estaba mojada, el saco hecho
trizas. De inmediato alcanzó unos huaraches, un pantalón deportivo de franela y
una sudadera, y una toalla, para que se cambiara las ropas. Luego fue por unas
franelas para la guitarra que escurría de agua, la funda totalmente mojada
había dejado pasar el agua hasta la madera y las cuerdas. ¿Qué te pasó?, ¿Dónde
estabas?, ¿Porqué caminaste en el agua, si casi granizaba? No Juan-contesto
Ramón-, me daba lo mismo mojarme, quemarme, o inmolarme, después de saber la
verdad. ¿Qué dosis de verdad puede soportar el Hombre Juan?, que desnudez se
siente cuando se disipa la ilusión y la fantasía, y la cruda realidad aparece
ante nuestros ojos y nos deja en un vértigo lejano y distante de donde creíamos
estar.
RAMÓN ZÁRATE JALI empezó a hablarle a Juan, como si
en realidad hablara consigo mismo, mientras este limpiaba la guitarra, la
secaba, y escuchaba la voz lejana contar su pena y su estado de abandono y de
derrota.
Hoy me desengañé, hoy lo supe todo de repente,
cuando llegue por ella, y ni siquiera me saludo, ni me tomó en cuenta. Al
principio pensé que no me había visto, e insistí, seguí acercándome a ella, y
vi que se alejaba, que huía de mi como de algo molesto y desagradable, fue ahí
cuando mi esperanza se hizo añicos, cuando caí en la cuenta que todo era una
mentira, que esa mujer nunca me quiso, pero que ni siquiera me lo dijo, y me
hizo creer que tenía una posibilidad de alcanzarla, de que fuera mía. Pero no
fue así, y vinieron a mi mente en cascada todos aquellos recuerdos, todas sus
actitudes falsas, todos esos momentos en que su mascarada convenció a mi deseo
de incubar una esperanza que ahora se que tuvo la semilla vana, que nunca daría
frutos por lo falso de sus pretensiones, por lo artero de su engaño y por lo
inocente de mi corazón que se dejó llevar por lo que quería, y apartó la razón
que más de una vez sugirió el fracaso y la irrealidad de mis intenciones
amorosas.
Recordarás mi
nombre, cuando te acuerdes de la crueldad de tu silencio, cuando recuerdes ese
día de acordes menores, en que la lluvia lloró conmigo, cuando recuerdes mi
silueta que se aleja por esa calle lluviosa, sin importarle otra cosa que no
fuera ese dolor que consumía las entrañas, cuando recuerdes ese cuadro
impresionista que en una gama de grises y tierras tendió a espátula mi figura
caminando por la calle solitaria. Recordarás mi nombre cuando me aleje de tu
cuadra y de tu casa para siempre, y no vuelva a componerle versos ni prosas a
tu encanto, cuando te des cuenta que ha acabado el canto de las Sirenas, y que
las ondinas me han limpiado del error en que permanecía a fuerza del agua dura
y helada de la verdad y de la razón, y que nunca más volveré a verte, que no te
buscaré más. Que te querré en silencio sin rencores y resentimientos, que seré
capaz de salvar este sentimiento del ostracismo y de la barbarie, de la
venganza y de la rabia que no he de negar que sentí aquel día, pero que como
vuelven los guerreros maltrechos de la batalla, con esa convicción de haber
perdido, así estoy convencido de que he perdido yo, de que he perdido esa
batalla de tener tus besos y tus encantos, pero que el ideal del Amor lo vale
todo, y que estoy cierto de que este se aprovecha muchas veces de la mentira, que
nos hace creer, y que nos engaña, y al encontrar esta verdad he ganado, porque
convencido estoy de que te quiero. Por esta razón te acordarás de mi nombre,
por la razón de la sin razón, porque no habrá intelecto humano que justifique
mi amor no correspondido, ni tu misma sabrás porque lo hice, ni porque nadie
más lo hace contigo, porque cuando no ven la correspondencia te huyen y se
alejan, las más de las veces enojados y rencorosos, no con el silencio de mis
pasos que se marcharon con la lluvia de mayo. Recordarás mi nombre lejano,
cuando veas envejecer mis cartas, cuando veas la palabra palidecer en la tinta
de mis versos y de mi prosa, cuando alguna vez te acuerdes de este loco que te
dedico su tiempo, que te dedico gran cantidad de suspiros, y que solo te pidió
que te dejaras querer, aunque no me quisieras. Y así, cuando a ti te toque
estar del otro lado de la balanza, cuando jueguen con tus sentimientos, cuando
te desprecien, cuando no te quieran, te acordarás de mi nombre.
Pero ahora sé, que la quiero Juan. No me preguntes
porqué, porque no lo puedo decir con palabras, hoy precisamente me he dado
cuenta de la jugarreta que es el Amor, que confunde, que engaña, que idiotiza,
que ilusiona y hace crecer castillos en el aire, que hace que los Olmos den
Peras y que en algunos casos es solo un pretexto para engendrar vida y que
cuando se ama intensa y egoístamente, la realidad trastoca al amor en odio, en
la misma intensidad con que se creyó amar, prueba fidedigna que no fue amor, si
no otro sentimiento menor. Pero yo
RAMÓN ZÁRATE JALI, fue recobrando el color en el semblante al tiempo en que un trago de tequila entraba quemándole la garganta y el cuerpo. Y una especie de mueca hecha sonrisa se asomó detrás de esos ojos llenos de lágrimas, mientras su amigo lo veía derrumbado y quebrado en dos, en una especie de suspiro y de treno, de elegía, de mortaja y de Réquiem, dijo en voz baja RECORDARÁS MI NOMBRE. Y con estas palabras fue enterrando un sentimiento profundo que empezó a podrirse en sus desechos, y se murió la ilusión anhelante, y surgió a la vida la esperanza de esa mujer, de esa mujer innombrable, porque mujer son todos los nombres.
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