Desde el sótano
Minuto a Minuto

 

 

12 de abril de 2016

Personaje - ÉL: Un sótano donde se hacinan muebles, objetos disímiles, trastos viejos y cestas con ropas y trapos que ofrecen un ambiente opresivo y lúgubre. A un lado, una puerta cerrada. Él está sentado sobre una especie de trono desvencijado, que no es más que un latón de basura. A sus pies, el cadáver de una mujer.

EL HOMBRE: (Para sí.) Siento pisadas... Están entrando en mi casa... (Soslayando su temor, señala hacia el cadáver y habla al público.) Yo saqué a esta mujer de la mierda y la convertí en una persona con clase. Sin embargo, a mis espaldas renegaba ¡y hasta se burlaba de mí! No hay cosa más dolorosa que haber sufrido todo esto. Y siempre amenazándome con sus cochinos hermanos...

¡Que van a matarme, que me llevarán a la cárcel...! (Al cadáver.) Y ya ves, estúpida, ni se han preocupado en saber de ti desde hace varios días. Y dentro de pronto vas a empezar a apestar. ¡Carroña! (Al público.) ¡Yo soy un hombre superior! Sí, Un hombre superior. (Pausa.) ¿Y cuál es la misión de un hombre superior? La de preparar a los otros para una nueva manera de vivir. Y doblegar a quien no sea capaz de seguirlo sin condiciones. Porque el hombre superior es el que pone las condiciones y el otro debe seguirlo sin poner las suyas, porque las suyas no pueden existir. (Pausa.) Y como para el hombre superior las cosas frívolas de la vida como pasear, bailar, divertirse, resultan  intrascendentes y disipadoras, por lo tanto, desatendibles, la persona elemental terminará por rechazar su maridaje con él. (Se baja del trono, asustado, y mira hacia la puerta.) Siento pisadas... Están entrando en mi casa... (Empuja el cadáver hacia un extremo del sótano.) Todo eso es lo que estuvo pasando en esta casa. Yo llegué a la vida de esta mujer para quedarme. Y ella así debía haberlo querido y necesitado. Y, sin embargo, quiso partir. ¡Abandonarme! Tal decisión hubiera sido su mayor error. Pero como yo tengo con ella una responsabilidad y una misión, no se lo pude permitir. ¡Y ahí la tienen! (Pausa.) A veces pienso que a la gente inferior habría que dejarla sola para que se estrelle.

Pero eso sería indigno de mí. (Pausa.) Hace tiempo que quería matarla, cada vez que la escuchaba quejándose como una ingrata. (Hace de ELLA.) “El me paralizó, me robotizó, me moldeó, me enloqueció, me jodió. ¡Ay, Virgen de Fátima, San Juan Bosco, Niño de Praga, Cristo Rey, San Jorge, Teresa de Calcuta, Dalai Lama, Mahama Ghandi! ¡Ayúdenme!” (Como ÉL, al público.)

¿Escucharon como la muy ingrata no me consideraba una deidad! (Pausa. Al cadáver.) ¡Yo soy un invicto y seré eterno! ¿Lo oyes? ¡Eterno! No puedo sentir miedo. Ni de ti ni de tus hermanos! ¡Qué vengan si quieren, aquí los espero! (Se altera.) ¡Son ellos los que me tienen miedo a mí! ¡A mí! (Al público, luego de serenarse.) Yo inventé para mi esposa unos juegos aquí en el sótano para que pudiera desahogarse sólo conmigo. (Pausa.) ¡Mis ingeniosos e inteligentes juegos...!¡Gracias a esos juegos la fui conociendo de verdad! (Pausa.) Si ella se sentía muy necesitada de alguna terapia, yo jugaba a ser su siquiatra. Ahora verán. (Asume el rol de doctora.) Soy la Doctora Nacha Camacho... (Le habla al cadáver ahora iluminado por una luz cenital.) ¡Hola, querida! Espero que estés verdaderamente en crisis para haberme molestado. A ver, muéstrame las muñecas... ¡Te las volviste a cortar! Por favor, no vuelvas a cometer tan vergonzoso disparate. A ver, querida, comencemos la consulta. Expresate. Pero no vayas a decirme “No puedo más”. Porque con esas mismas palabritas comenzamos la primera consulta hace dos años, y recién el mes pasado volviste a repetirlas. Pero, Nena, ¡a estas alturas no podrías mejorar la frase? A ver, dime, ¿cómo han sido las relaciones sexuales este mes? (Como si recibiera respuesta.) Ah... Te sentirás histérica, querida. Una cura de sueño no te vendría mal. A ver, muéstrame la nalga. (Hace como si tuviera una jeringuilla.) No te pongas agresiva... ¡que yo sí tiro la jeringuilla! (Con acento de mujer varonil.) ¡Para eso soy la doctora Nacha Camacho! ¡Ahora vas a saber lo que es una Nacha bien macha! (Le pega una bofetada. Habla ahora como ÉL, señalando hacia el cadáver.) ¡Otra vez, basura! (Toma una escoba y comienza a barrer el cadáver, empujándolo.) La basura es una cosa que se bota porque no sirve. ¡Y cuando es que una cosa no sirve? Cuando ha dejado de cumplir su función. Algunos pensarán que esto que está en el piso no es una basura, sino que había sido un ser humano. Pues no. Ya había dejado de serlo para convertirse en basura. ¿Y cuándo un individuo se convierte en basura? (Pausa.) Cuando una persona no sabe vivir eternamente agradecida a quien la ha hecho precisamente “persona”, y no sabe entregarse incondicionalmente a quien le debe ese reconocimiento, termina transformándose, precisamente por obra de su asquerosa traición, en basura. (Pausa.) En el mundo, desgraciadamente, hay mucha gente-basura, pero por suerte hay también muchos recogedores que, como yo, saben detectarla y ubicarla donde corresponde, en aras de un mundo más limpio y habitable. ¡Cuando quememos toda esa basura, asistiremos a un acto de purificación mundial! (Escucha hacia la puerta, atemorizado.) Siento pisadas... Están entrando en mi casa... (Al cadáver.) Te voy a dar una nueva oportunidad de seguir en nuestros juegos, querida esposa. Yo puedo ser muy complaciente. ¿Quieres hacer alguna declaración? ¡Vamos, te brindo tu gran oportunidad!

(Se transforma en un periodista.) Soy el reportero holándes Roger Dorfmann. Trabajo para una gran cadena informativa y vengo a hacerle una entrevista. A ver, cuéntenos su vida. Ya estamos grabando. Puede comenzar. (Hace de ELLA.) “Antes de que él apareciera, yo tenía a mi novio. Libremente nos habíamos elegido el uno al otro. Había amor, amor de verdad. ¡Mi novio! Joven humilde igual que yo. Nos preparábamos para casarnos. y hacíamos grandes planes... que no se cumplirían... ¡pero eran nuestros sueños... surgidos de nosotros mismos...” (Como periodista.) Son revelaciones muy interesantes... Déjeme tomarle una foto llorando. Eso le gusta mucho a nuestros lectores. ¡Vamos, llore bastante! ¡No se aguante! ¡Así! ¡Perfecto! (Hace varias fotos al cadáver.) Ahora ya puede seguir hablando. Siga, por favor.

(Como ELLA.) “Eramos verdaderos amantes como Adán y Eva en el Edén. Y él, él fue la serpiente que llegó sin aviso. Me analizó mi vida... escarbó en todos los puntos negros de mi infancia y todo me lo pintó bien sombrío para que renaciera a su lado. (Pausa.) Yo no lo busqué. No lo elegí. Se me fue imponiendo. (Pausa.) Es cierto que sentí atracción hacia él...pero fue por entusiasmo.... y por interés. (Pausa.) Y es que no era yo... estaba dentro de una vorágine... y era tan joven... Era como si me arrastrara un remolino o una tembladera que me atrapaba. Y no me daba tiempo. No había tiempo para mi... para darme cuenta de que me estaba enredando... (Pausa.) ¡El hizo que yo misma denunciara a mi honrado novio como ladrón, corruptor de menores, proxeneta y gran marica! Y lo llevaron a la cárcel donde se suicidó, dicen que perdonándome. (Pausa.) Por esa serpiente me saqué el hijo que traía de aquel noviazgo, al que aprendí a llamar disciplinadamente “el gran error”. (Pausa.) ¡Y sólo me faltaban dos meses paraparirlo! Me dejaron vacía por su culpa”. (Como ÉL.) ¡Basta! ¡Basta, carroña! (Alterado de ira.) ¿La escuchó bien, señor periodista? ¿Se ha dado cuenta de lo peligrosa y difamadora que puede ser esta puta de mierda! (Va a patearla,pero se detiene.) Yo tengo la culpa. !Mis jueguitos le dieron mucha ala…! Pero se me acabó la blandura y la tolerancia! (Lanza una fuerte bofetada al aire.) ¡Qué triste tener que pegarle a un ser querido! ¡Ella me obligaba a esto, señor periodista! (Al cadáver.) Yo soy un hombre superior, no lo olvides. ¡Y no te tengo miedo! ¡Ni a ti ni a nadie! (Pausa.) ¡Te acuerdas del juego de la mujercita dulce y comprensiva? Pues ese es el que toca ahora. (Se arregla con aditamentos femeninos y adquiere un aire de jovencita, casi de una niña, canta:) Somos florecitas de un bello jardín siempre cuidada por el jardinerín.

“¡Ay, qué feliz y tranquila vivo! Recuperé la inocencia. (Saca un hula-hula y se lo pone a la cintura, comienza a moverse con él.) ¡Cómo he evolucionado! Miren las evoluciones que hago con mi cintura. ¡Esto es maravillo! Si todas las personas alteradas hicieran a diario lo mismo, al fin se podría vivir en un mundo de paz y armonía. (Sigue moviendo el hula-hula por su cintura, y lo va pasando por distintas partes de su cuerpo, mientras habla.) Yo era una mala esposa. Era irresoluta, botarate y discutidora. Mientras mi marido se desgastaba por mí, yo lo desgastaba a él con mis quejitas de niña malcriada. ¡No! ‘Niña malcriada’ es un calificativo demasiado generoso para las cosas horrendas que he hecho. Soy un ser excecrable que no merezco perdón. Lo que merezco es que me arrastren desnuda por las calles, y que me llenen de letreros. ¡Y que la gente me escupa y me insulte y me den golpes por la cabeza! ¡Soy lo más malo del mundo! (Esboza una sonrisa angelical.) Pero cambié. Gracias a él. Y hoy dejo que me oriente y me determine porque él es el único capacitado para eso. ¡Al fin lo haré un hombre feliz! ¡Si siguen mi experiencia, se convertirán en un hermoso jardín florecido! (Deja el hula-hula. Asume el aire de una predicadora exaltada.) ¡Seamos puros! ¡No averiguemos nada! ¡No discrepemos! ¡No desconfiemos! ¡Mejor es no saber nada! ¡Nuestra ignorancia será nuestra defensa y, al mismo tiempo, nuestra virtud!” (Al cadáver, después de aplaudir.) ¡Ves que lindo es alcanzar un estado de gracia! Ahora mereces que te complazca en algo que hace tiempo querías traer a nuestros juegos... ¡A mi madre! Si, ahora vamos a invocarla. Tú sabes que siempre la odié. Nunca me quiso. Era una ricachona sin corazón. Una esclavista. Bien muerta está. (Con desprecio y rencor entremezclados.) ¡Mi madre... ¡Mi madre...! ¡Venga, doña Josefa! ¡Venga! ¡Participe al fin de este juego! (Incorpora a la madre con un elegante atavío.) Aquí estoy. ¡Pero, ¡dónde están mis sortijas y mis gargantillas? ¿Dónde mis pulseras de oro! ¡Y mi diadema de perlas legítimas? ¡No aspiro la exquisita fragancia de mis perfumes franceses! ¡Y mi bolso? Yo soy una mujer que sé presentarme. Me siento molesta. Esto es un desastre.¡Me regreso! (Como ÉL.) ¡No puede irse, doña Josefa! Este es su momento! ¡Vamos, no lo piense más! ¡Otro día no voy a aceptar que entre en mis juegos! ¡Mire, aquí está mi esposa! (Como la madre.) ¡Ah, te casaste... Yo nunca quise tener hijos. Y menos con tu padre. Arruinó a mi familia para que no me quedara más remedio que aceptarlo. Y después viniste tú a completar la ruina. Aquella noche... aquella noche en que me violaste. ¡Sí, me violaste, maldito! ¡Por eso tuve que suicidarme! (Se despoja violentamente de los atributos de la madre.) ¡Vieja mentirosa! ¡Tú me pediste que lo hiciera! ¡Fuiste tú! ¡Fuiste tú! ¡Y te mataste porque el cabrón de mi padre nos descubrió! ¡Ojalá arda también en el infierno! (Pausa.) ¡Ahora, lárgate, vieja sinvergüenza! (Escucha temoroso ruidos cercanos.) Siento pisadas... Están entrando en mi casa... (Después de un momento de recuperación, habla al público.) ¡El cabaret! ¡Sí, el más sensacional de mis juegos! ¡Es el momento! (Se coloca un frac, sombrero de copa, bastón, etc., mientras habla.)

Buenas noches y entre usted al mágico mundo ¡del cabaret! (Canta.) En el cabaret se viene a olvidar de todo el día el duro bregar. Aquí no pasa nada que pueda atribular. Sonrisas, sonrisas, las cosas andan bien Tú y yo somos felices, ¡y ustedes también!

Mientras la gente baila la vida está tranquila. Volvera la protesta si la música termina. El baile congrega y casi siempre altera, pero bailando fuerte se olvidan los problemas. En el cabartet se viene a olvidar de todo el día el duro bregar.

Aquí no pasa nada que pueda atribular. Sonrisas, sonrisas, las cosas andan bien. Tu y yo somos felices, ¡y ustedes también! (Logra una pose espectacular de gran cierre. Después, recrea recibir una ovación de admiradores frenetizados.) Gracias, gracias. Son ustedes muy generosos. No merezco tanto. (Señalando hacia el cadáver.) ¡Y ella no se merece nada! (Insulta a la mujer muerta.) ¡Miserable rata! ¿Quien te sacó de aquella covacha para instalarte en esta casona? ¿Gracias a quién fue! ¡Gracias a mí! ¡Y por quién estás vestida y calzada y alimentada y cuidada! ¡Gracias a mí! ¿Y por quién eres una señora, una mujer respetable! ¡Gracias a mí! ¡Gracias a mí! ¡A mí! ¡Al hombre superior! (Pausa.) Te aclaro que nada de lo que hice por ti, me gustaba sacártelo. (Se despoja de los atributos del cabaret. Habla al público.) Ella tenía pensado matarme... ¡Sí, como lo oyen! (Pausa.) Descubrí una nota. Una nota de su puño y letra... Son las palabras que seguramente pensaba decirme mientras me asesinaba. (Saca un papel y lo muestra al público.) Aquí lo tengo. escúchenla: (Lee.) “Perdóname, no debía ser necesario llegar a esto... pero tú mismo me obligas. Quiero saber qué queda de aquella pobre muchacha de campo... tal vez, nada... me dejas tan marcada... Y como me privas de la libertad de saberlo....” (Pausa.) No está terminada... eso indica que en el fondo tenía miedo.¡De qué forma habría de matarme? ¡Y con qué? ¡O con quiénes? ¿La ayudarían sus miserables hermanos? Esos tipejos son capaces de todo. Me hubieran matado a sangre fría mientras la maldita leía su discursito de despedida...

(Lee de nuevo.) “Quiero saber qué queda de aquella pobre muchacha de campo...” (Para sí.) ¡Pobre muchacha de campo...! (Pausa.) ¡Pobre hombre superior por mezclarse con la plebe! (Pausa.) ¡He hecho solamente el bien. Me he sacrificado y ahora quería mi muerte, cuando ella y sus miserables hermanos deberían de
besarme el culo! ¡Pero de qué está hecho el mundo, carajo? (Pausa.) Siento pisadas... Están entrando en mi casa... ¡son ellos! Pero no me asustan. Hasta
aquí no pueden llegar…¡Esta puerta es blindada! (Ríe.) ¡Nunca podrán atraparme!¡Y no les tengo miedo! ¡Yo soy un hombre superior! (Grita hacia el cadáver, nuevamente iluminado por la luz cenital.) ¡No lo olvides! ¡Y ahora viene el mejor de mis juegos...! (Se pone una chaqueta y una gorra, ambas de militar nazi, y toma una fusta.) ¡Soy el capitán von Klher! Tenemos un copioso expediente sobre usted. Todo la inculpa, señora. ¿Se creía que no la estábamos vigilando? Todo el tiempo ha estado bajo nuestro control. Usted estaba preparando un siniestro complot. Tenemos las pruebas. ¡Míreme cuando se le habla! ¡Zorra! (Le da un golpe con la fusta al cadáver.) Usted ha querido hacerse la víctima, para que su muy respetable esposo quedase como un malvado que le doblegaba a usted su voluntad. Y no es así. Nadie hace lo que va en contra de sí mismo. ¡Se manda al que quiere que lo manden! ¡Se esclaviza al que quiere ser esclavizado! Usted era la que se esforzaba en mostrarle una incondicionalidad servil para aprovecharse de ciertos beneficios, y lo que es peor: de ciertas informaciones. (Pausa.) Pero su pacto con el enemigo ha quedado bien esclarecido. Su sentecia es morir. Se le inyectará Fenol en el corazón. ¡Yo mismo ejecutaré la sentencia! (Extiende violentamente una mano hacia el cadáver como si aplicara de un golpe la inyección sobre el cuerpo. Después habla al público.) Su efecto es inmediato. ¿Lo ven? Está muerta. (Escucha los ruidos desde la puerta, asustado se quita los aditamentos de militar nazi.) Siento pisadas... Están entrando en mi casa... (A gritos.) ¡Ella se suicidó. ¡Estaba loca! (Pausa.) ¡No! (Grita más alto hacia la puerta.) ¡Fue un suicidio! ¡Un suicidio! (Asume la actitud de un locutor con aire solemne.) Una larga y penosa enfermedad hizo que esta pobre mujer ejemplar atentara contra su vida. Rindiéndole culto a su persona lo hacemos también a su esposo que soportó estoicamente sus últimos meses de agonía. Por eso, vincularemos los aniversarios de su muerte con festejos por la existencia de este hombre superior. Porque gracias a que él vive es que vivió esta mujer que hoy está muerta. (Se escuchan fuertes golpes sobre la puerta.) ¡Ya vienen por mí...? ¡Son ellos! (Los golpes son cada vez más fuertes. El hombre es presa de un ataque de histeria. Llora como un niño y cae de rodillas.) ¡Díos mío, sálvame! ¡Tengo miedo, tengo mucho miedo! ¡No! ¡No! ¡No puedes tener miedo! ¡Yo no la maté! ¡Ella se suicidió! ¡Estaba enferma!¡Muy enferma...! (Cae al piso.) ¡Yo soy la víctima! ¡Siempre he sido la víctima! ¡Yo soy la víctima! ¡La víctima soy yo! ¡Yo!

Su cuerpo ovillado, ofrece una lastimosa imagen de desemparo. Se continuan escuchando los golpes sobre la puerta a punto de ser derribada.

Imagen: blogs.publico.es

Monólogo inédito desde la profunda admiración de muchos años de Francisco Garzón Céspedes por la obra dramatúrgica de Nicolás Dorr.

next
prev

Hay 413 invitados y ningún miembro en línea