Ciertas fantásticas criaturas
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30 de enero de 2016

CUENTOS DEL OGRO

AUTOENGAÑO
El ogro comenzó disfrazándose para los demás. Y ha ter-minado disfrazándose para sí mismo. Se cree normal. Se sien-te vegetariano. Se piensa exquisito. Es irreconocible para los normales.

CÍRCULO
Hombre alguno devoraría al ogro, mujer alguna lo lograría. El ogro, no obstante, es devorado. Y no por un animal. Lo devora entero el ogro de su pesadilla.

DIENTES
Los dientes son la mordida del ogro y bailan. Cuando la boca se retira, los dientes se quedan clavados a la carne. Podría tra-tarse de una dentadura postiza. Sólo que no lo es.

GOURMET
El ogro tiene mucha hambre. Ha cazado al cazador, pero no se lo come de inmediato porque el ogro ha aprendido de refina-mientos. Decide prepararse una “delicatessen”. Invierte tiempo en ahogar al cazador. Le gusta la carne cruda reahogada.

PUNTERÍA
Desestimando que un humano lo es también por su capacidad incorpórea de venganza, el ogro escupe cada hueso del cadáver con tal puntería que rearma su esqueleto. Desde el viento, un hueso regresa a la boca abierta del ogro. Queda clavado en su garganta, oscilando, pulido a dentelladas como trofeo.

TÁCTICA
El ogro ladra al perro. Y el perro maúlla. El gato no. El gato abre la boca y no emite sonido alguno. El canario lo que hace es mugir. Tanto miedo provoca el ogro y su inusual conducta.

TUMBA
La manta le cubrió. Le cubre. Le cubrirá. No puede impedirlo. Ninguno de los dos puede impedirlo. Y eso que podría ser que no se gustaran. Son tela burda y cadáver. Es todo lo que hay para la tumba del ogro.

CUENTOS DE LA SIRENA

¡AH!, LA BELLEZA
La sirena cantó. Entonó a la perfección Y enloqueció enmudecida
ante la belleza de su eco y el repudio de los navegantes.

¡AH!, LA PERTENENCIA
La sirena cambió melodía de encantamiento por himno, y, a todo aliento, reivindicó su derecho a la doble territorialidad.

¡AH!, EL ENCANTAMIENTO
La sirena, antes normal, sufrió un hechizo y pareció dejar de ser, y ya no pudo emerger, cantar, extender como una red sus melodías.
Cabeza de pez, cola desaparecida, en ejercicio de su vocación de encantamiento, se dijo que tocaba el turno de los peces, y comenzó en las profundidades a emitir sonidos desde aquello en lo que se había convertido, gérmenes de cánticos.

¡AH!, LA DIFERENCIA
La sirena, incapaz de valorar la diferencia, comenzó a quitarse sus escamas. Y escamó y escamó sobre sí hasta no ser más que despojo. Cabeza, torso y poco más.

¡AH!, LA CONCIENCIA
La sirena mordió su cola para acallar el canto. Enmudecida por conciencia, vio cruzar indemne la nave, mientras por dentro, la melodía la encantaba. Quedó, loca de sí.

¡AH!, EL AMOR
La sirena se mordió la cola hasta esculpirse dos piernas. Lo hizo por un marinero que, al verla mutilada, la rechazó. La sirena terminó con una condena por comer carne de la especie.

Entró a la cárcel mientras una multitud de animales marinos pedía su ejecución.

¡AH!, EL SINO
La sirena siente frío al cantar sobre la roca. No pasan barcos. La sirena siente frío al cantar en la bruma. No pasan barcos. La sirena siente frío al cantar de la mañana a la mañana. No pasan barcos. La sirena siente frío al cantar. No pasan barcos. La sirena siente frío. No pasan barcos. No pasan. No.

Imagen: imagexia.com

CUENTOS DEL DRAGÓN



ANGUSTIA EXISTENCIAL
El dragón se preguntaba si un dragón existía en la realidad o sólo existía en el acto de ilusionismo de un mago. Porque, de ser ilusión: ¿qué le protegería cuando cesara la suspensión mágica de la incredulidad?

CONCIENCIA DE IDENTIDAD
El dragón dijo a la desencantada adolescente que lo había besado en medio del escenario: “Un dragón vuela, pero está lejos de ser un palomo. Exhala fuego, pero no es un volcán. Y, si besa, ¿por qué tiene que tratarse de un zagal encantado?”

CORTAFUEGO
El dragón sintió los espasmos de la primera herida de amor en su corazón y la cicatrizó con fuego mágico.

DESENCUENTRO, EN EL PAÍS DE LA MAGIA
El dragón dijo a la vanidosa doncella: “Los ‘cuentos’ no son siempre de hadas. Tú y yo no somos ‘la bella’ y ‘la bestia’. Ni estoy predestinado a enamorarme de ti. Entre los dragones, yo ya he procreado una estirpe.”

DISCRIMINACIONES
Después de que el mago lo hiciera aparecer: El dragón se sintió solo. Unos humanos lo discriminaron por ser diferente. Otros, por la estética de su físico: aquello nunca reconocido de la belleza y la fealdad. Pensó: “Habría que explicarles que no constituyen el prototipo universal. O desaparecerlos.”

LA JUSTICIA DE LA LEY
El dragón chamuscó la ropa de un humano. Era de marca. “¿Quizás le exigiría una indemnización? Seguro para pagarla lo condenarían a vender sus alas como materia prima textil.” Pre-guntó al mago: “¿Acaso importará a la ley que, en justicia, sin alas un dragón no sobrevive?”

PRECISIÓN TERMINOLÓGICA
“Cierto, cierto, un dragón lanza llamas...”, admitió el dragón en pleno debate televisivo. “Pero, en modo alguno un dragón es un lanzallamas. Como tampoco, tampoco el mago es un hacemagia.”

PUBLICIDAD ENGAÑOSA
El dragón caminó con dificultad. Al dragón su fuego nunca le había dañado, ni por dentro, ni por fuera. No obstante, ahora su prodigiosa piel de reptil exhibía numerosas quemaduras. Probó a volar. Y con cada aletazo maldijo la genuina mala calidad del muy garantizado bronceador.

REACCIÓN A ACCIONES
El dragón era pacífico. Uno de las tradiciones orientales. Valo-raba a los humanos. Pero aquel era una bestia individualista. Ruidosa. Le impedía concentrarse, dormir. Una bestia que no per-cibía los poderes mágicos de un dragón. Y el dragón supo que ya no los descubriría.

SENSACIÓN
El dragón convirtió de inmediato a sus humanos oponentes en cenizas, lo había decidido tras la sensación de no considerarlos auténticos contrincantes con los que jugar de igual a igual.

SIN Y CON PREJUICIOS
El dragón intentó sonreír, pero aquel hombre vio una mueca. El dragón exhalando fuego intentó calentarle el viento helado. Aquel hombre retrocedió con horror. El dragón intentó servirle de alfombra voladora. Aquel hombre echó a correr por el desconoci-do, misterioso e interminable desierto.

Colofón
LA CREACIÓN (EL CUENTO DEL DRAGÓN QUE SUEÑO)
Nunca he padecido de insomnio. Tampoco ahora. Se trata de que no debo dormirme. El dragón del cuento me espera en ese persistente sueño inacabado que cada noche suma nuevos su-cesos. La primera vez que lo soñé era una imagen lejana, difusa. Pero una tras otra se ha acercado. Anoche desperté cuando la lengua de fuego del dragón que cuento casi me devora. Y lo que no puedo soportar es la certeza de que, al devorarme, devoraría la voz que lo reinventa.

Imagen: ediciona.com

del libro: Ciertas fantásticas criaturas de Francisco Garzón Céspedes. COMOARTES ediciones.

 Francisco Garzón Céspedes.

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