Llamamiento por una política de estado sobre la oralidad
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RADIO Sabersinfin.com

 

 

 

7 de enero de 2016

 

LA PRIEMERA EXPRESIÓN DE LA POLÍTICA DEBIERA SER LA CONFRONTACIÓN MORAL Y PARA FORMAR ESE SER HUMANO CAPAZ DE...

La oralidad es uno de los derechos humanos.

La primera expresión de la política debiera ser la confrontación moral, la confrontación ante todo en valores humanos.
 
Esto requiere la formación social de un ser humano capaz de accionar en elevados valores éticos.

Será imposible que la mejor de las ideologías, la más justa, encuentre sus aplicaciones políticas más positivas si las masas y sus dirigentes no son seres, individual y colectivamente, con una condición humana en valores y comunicación sólidos; si no poseen una condición humana éticamente profunda, en interacción solidaria y en continuos mejoramientos.

Esta formación humanística de cimiento y eje, estas definiciones y elecciones en valores éticos vertebrales, deben imprescindiblemente propiciarse desde la más temprana niñez y a lo largo de todas las etapas de formación familiar y educacional, y solo comenzarán a ser posibles de modo colectivo si existen políticas de Estado respecto a la oralidad y a todo lo que necesita de la oralidad, que es la comunicación por excelencia y el principal instrumento humano para la calidad de ser en sí y para la calidad de vida.
 
Políticas de Estado, a instrumentar, que asuman la definición más científica de la "oralidad" –la oralidad es una imagen hablada, un ser humano hablando, que establece un proceso de comunicación con uno o varios interlocutores presentes físicamente en un mismo espacio, trascendiendo el simple hablar en voz alta para hablar con el otro, y no para el otro, en búsqueda de comprender y de ser comprendido; tal y como he venido conceptuando desde hace unas dos décadas–, y, a la par, que asuman la definición más científica de "comunicación" –término que no debe ser utilizado por extensión y que es mucho más que el informar, difundir, expresar o relacionar...

Políticas de Estado, a instrumentar, que conciencien a cada individuo de la sociedad, y a la sociedad toda colectivamente, acerca de las formas de la oralidad y de sus características y leyes milenarias –y por igual contemporáneas–, acerca de sus presencias, y acerca de cómo garantizar estas presencias en la formación y el desarrollo más pleno de la niñez –ver el Manifiesto Universal por los Derechos de las Niñas y los Niños a la Oralidad y a los Cuentos, un derecho, por ejemplo, El Derecho a la Oralidad que la Declaración Universal de los Derechos del Niño no contempla no obstante ser absolutamente fundamental, prioritario, urgente, imprescindible para la humanidad toda y su más completa y mejor existencia.
 
La oralidad, que nos hizo los humanos que somos, que nos permite ser con más totalidad los humanos que somos, que no está referida solo esencialmente a las tradiciones orales ni es esencialmente solo algo del pasado; la oralidad que obviamente existe en nuestras sociedades de escritura y medios audiovisuales e interactivos que tanto creen conocerla mientras en realidad la desconocen y desvalorizan y tanto la postergan; la oralidad no va a desaparecer porque es intrínseca a la comunicación humana y no puede ser sustituida, ni lo será nunca, por los prodigiosos avances tecnológicos. La oralidad es suma de vida. La oralidad es la suma de cada vida en comunicación con la suma del otro o de los otros. Y es, debiera ser, la proyección de razón y sentimiento, conocimiento y sensibilidad, más humana de adentro y para la construcción afuera con los otros.

Imagen: mr.gov.ar

del libro: Para una humanidad mejor. Urge una política de estado sobre la oralidad, de Francisco Garzón Céspedes. COMOARTES ediciones, primera edición: 2015.

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