PERDONADA
Por: José Víctor Martínez Gil*
Ella lo confesó todo. Lo necesitaba. Tenía tantas cosas acumuladas que su
conciencia era un bloque de hormigón. Se ubicó en el reclinatorio del
confesionario, no esperó ni medio segundo cuando a través de la rejilla y entre
sollozos lo soltó todo. Al final agarró su bolso, y salió del confesionario con
la misma velocidad con la que había llegado.
Avergonzada pero aliviada. Alejándose rápidamente del confesionario. Del confesionario vacío.
*José Víctor Martínez Gil (México) Cuento breve de la serie: Mujer fuera de serie.
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