
14 de noviembre de 2013
Abel Pérez Rojas comenta el efecto que produce en la población el llamado Buen Fin, por esa razón comparte unos puntos a considerar para esta edición 2013.
Su pesadilla financiera comenzó en noviembre del 2012 entre descuentos, promociones, tecnología y un amplio esquema de meses sin intereses; hoy es un cuento económico de terror que aún no llega a su fin. Todo comenzó el 16 de noviembre cuando Pablo, de 33 años, acudió a la segunda edición de “El Buen Fin”. Esa noche, la euforia por portar en su mano su tarjeta de crédito y toparse con un televisor de plasma, una computadora y una consola de videojuegos, causó estragos en su economía. Las ventas en su negocio iban viento en popa, su línea de crédito era modesta y tuvo un año muy ajetreado, así que ese día, se dio tiempo de pagarse un gustito, dijo. Pablo firmó una transacción por 20 mil pesos, monto que rebasaba 60% de sus ingresos mensuales, aunque no le preocupó, pues lo pagaría a 36 meses. Llegó 2013 y, así, una baja radical en las ventas de su negocio; al final Pablo se atrasó con una mensualidad y ahí comenzó su dolor de cabeza. (Fuente: eluniversal.com.mx)








