
24 de octubre de 2013
Abel Pérez Rojas reflexiona en relación a la medida adopta por el papa Francisco de suspender a el obispo de la ciudad alemana de Limburgo, Franz-Peter Tebartz-van Elst, debido a la excesiva riqueza destinada a la construcción de una nueva sede episcopal.
El obispo de la ciudad alemana de Limburgo, Franz-Peter Tebartz-van Elst, conocido por su afición al lujo y protagonista de una encendida polémica desatada tras ser acusado de despilfarrar el dinero de la Iglesia católica al destinar 31 millones de euros (42 millones de dólares) para construir una nueva sede episcopal, fue suspendido temporalmente por el papa Francisco. ‘‘La Santa Sede considera oportuno’’ autorizar que monseñor Tebartz-van Elst deje ‘‘durante un tiempo’’ la diócesis, a la espera del resultado de la investigación que realiza una comisión eclesiástica alemana sobre los gastos realizados ahí, informó el Vaticano en un comunicado, en el que no precisó cuánto tiempo estará fuera ni adónde irá o qué hará. Durante el tiempo que se mantenga alejado el ‘‘servidor más caro de Dios’’, como lo llaman los medios alemanes y cuya suerte será decidida en cuanto se conozcan los resultados de la investigación, será remplazado por el recién nombrado vicario general de Limburgo, Wolgang Roesch, quien debía asumir sus labores en enero entrante. (Fuente: jornada.unam.mx)








