
04 de septiembre de 2013
Abel Pérez Rojas conversa con Eduardo González profesor de la Escuela Normal Superior Federalizada del Estado de Puebla y los estudiantes de la licenciatura en Telesecundaria de dicha institución: Dante Rendón Flores y Ana Karen Venancio, acerca del descubrimiento de la molécula oleoiletanolamina por tarde del investigador Luis A. Téllez la cual puede controlar percepciones en el intestino.
La comida rica en grasas interrumpe la señal de gratificación y producción de dopamina en el cerebro (neurotransmisor ligado a las sensaciones placenteras), por lo que al verse detenida esa comunicación cerebral, el individuo siente la necesidad de consumir más grasas. Esa es la conclusión a la que llegó Luis A. Téllez, investigador mexicano de la Escuela de Medicina de la Universidad de Yale, quien realizó un estudio con ratas de laboratorio para encontrar las causas por las que la gente prefiere la comida grasosa. Los resultados de su trabajo, publicados recientemente en la revista Science, suprimen el mito de que comer de forma compulsiva es gratificante. La investigación podrá contribuir a obtener estrategias para ayudar a perder peso. La investigación de Téllez arroja nuevas claves para entender esta conversación
entre el intestino y el cerebro a la hora de consumir alimentos grasosos y ayuda a explicar por qué comer demasiada grasa puede debilitar el circuito de recompensa
del cerebro, llevando a las personas a comer más y, en consecuencia, a la obesidad, reportó la Academia Mexicana de Ciencias en un comunicado. En su artículo, Luis Téllez y sus colegas reportan el descubrimiento de un mensajero molecular: un lípido del intestino conocido como oleoiletanolamina (OEA), que controla la percepción de recompensa del cerebro desde el intestino. (Fuente: jornada.unam.mx)








