
30 de agosto de 2013
Abel Pérez Rojas conversa con Marisela Flores y Almicar Chan colaborador de Hermoso Canto acerca de cuáles serían las razones por lo cual Brasil en menos de 2 años ha tenido existo en sus políticas financieras y estructurales empezando a competir con las potencias económicas.
En menos de dos años hemos transitado del milagro carioca a la resurrección mexicana. A ojos de la prensa internacional y de multitud de especialistas financieros, Brasil ha pasado de ser ejemplo de equilibrio entre Estado y mercado a ser un país ineficiente, demasiado orientado al mercado interno y paralizado por una ola inesperada de protestas sociales y de ataques especulativos. Gracias a unos pocos meses de alto crecimiento económico apoyado en las exportaciones y por una redescubierta retórica reformista, México lo ha sustituido como la joya latinoamericana y el modelo a seguir. Los adalides de la apertura no han tardado en ensalzar la voluntad mexicana de profundizar las reformas neoliberales y firmar nuevos acuerdos comerciales. Sin ir más lejos, el exministro de Finanzas de Chile y contrastado especialista en desarrollo económico, Andrés Velasco, alababa hace no mucho el compromiso mexicano con la reducción de aranceles, la integración con Estados Unidos y las políticas macroeconómicas ortodoxas, y recomendaba al resto de países de la región que aprendieran de México. Sin embargo, la validez de este tipo de comparaciones basadas en comportamientos de corto plazo y en simplificaciones sobre las políticas adoptadas es cuestionable. Nuestra búsqueda de modelos exitosos a imitar nos lleva con demasiada frecuencia a confundir los retos estructurales y las condiciones coyunturales, a olvidar las trayectorias de largo plazo y a obviar las similitudes entre países en el proceso de desarrollo. (Fuente: http://elpais.com)








