
15 de agosto de 2013
Abel Pérez Rojas realiza un enlace hasta Valencia España con Antonia Estarlich* corresponsal de la emisión quien nos habla acerca del fenómeno de Alemania llamado Era Merkel donde desde hace tiempo el país no ha destacado en materia deportiva, medicinal, financiera entre otros.
El letargo político alemán
Hay en el idioma alemán un adjetivo que expresa con precisión el estado de ánimo predominante en la sociedad alemana de nuestros días. El adjetivo es gemütlich. Podría traducirse como cómodo, confortable; pero ya avisó Jorge Luis Borges en un célebre poema que, en lo tocante al idioma alemán, el diccionario nunca acierta. Digamos que el vocablo hace referencia a la sensación de estar a gusto, de disfrutar del calorcillo del hogar y de la suavidad de una manta cuando en la calle hace frío, sopla el viento y llueve. A pocas semanas de las elecciones generales, Alemania vive una época gemütlich. Entre sus ciudadanos ha cundido la convicción de que como en casa no se está en ninguna parte. De vez en cuando, por los resquicios de las ventanas, se filtran ecos del ruido que causa la crisis económica por ahí afuera, particularmente en el sur de Europa. De manera que los problemas ajenos afianzan la satisfacción sobre el estado de cosas en el propio país. Nadie duda de que el domingo 22 de septiembre las urnas premiarán la continuidad. Quienes predijeron en 2005 que habría una era Merkel han acertado de pleno. Una era, eso sí, sin acontecimientos históricos, sin logros espectaculares y sin turbulencias políticas. Una era gris, tranquila, gemütlich. La imagen, nacida a menudo del resentimiento, que se tiene de la canciller alemana en algunos países de la Unión Europea es inexacta. Dicha imagen omite no sólo la voluntad europeísta de Ángela Merkel, sino también virtudes como la calidez y el sentido del humor. La información insuficiente o tendenciosa, unida a los tópicos históricos, trata de convertirla en una dama de hierro, inflexible y poderosa, obviando así sus mayores defectos: un estilo pusilánime de gobernar, el temor a los cambios o la renuencia a introducir las reformas estructurales que exige a las naciones endeudadas a cambio de ayuda económica. Merkel es hoy por hoy la Mutti de Alemania, la mamaíta insustituible que se ocupa de mantener vivo el fuego de la chimenea. (Fuente: http://internacional.elpais.com)








