De Zika, Chikunguña y cosas peores
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RADIO Sabersinfin.com

 

 

 

9 de febrero de 2016

 

El 28 de agosto de 1820, el jefe político de Cádiz comunicó a sus superiores que la epidemia de fiebre amarilla se había reproducido en los pueblos de su provincia. El Secretario de Estado y del despacho de la Gobernación de Ultramar difundió la noticia en todo el reino y ordenó que la Junta Suprema de Sanidad dictara las providencias convenientes para cortar el mal y evitar su propagación. La noticia fue recibida el 3 de enero de 1821 por Joaquín de Arredondo, gobernador de la provincia de Coahuila quien a su vez, la dio a conocer en todos los ayuntamientos bajo su mando. ¿Cómo fue posible que la fiebre amarilla hubiese llegado al sur de la Península y a ambos lados del Atlántico? ¿Por qué escribir hoy, sobre una epidemia de hace casi 200 años?

Durante la Edad Media, las epidemias fueron consideradas como un castigo divino. A partir del descubrimiento de los microbios, a fines del siglo XIX, se les atribuyó su origen biológico, lo que les negó el atributo de ser construcciones sociales mediadas por el contexto cultural y la organización política de una población.

La desaparición de la mano de obra indígena en las Antillas a consecuencia de los malos tratos de los encomenderos y de la epidemia de influenza, trajo como consecuencia la introducción de esclavos procedentes del África para que trabajaran en las plantaciones de caña de azúcar. Nadie desconoce que la viruela fue el arma secreta de los españoles en la conquista de los imperios azteca e inca, tan inadvertida que ignoraban que la estaban introduciendo y solo advirtieron sus efectos. No fue así, cuando hacia 1763, los puritanos ingleses propagaron de manera voluntaria la viruela, con lo que lograron diezmar a las tribus que habitaban el territorio de Norteamérica.

La presentación de una epidemia, cualquiera que sea, suele acompañarse de propósitos ocultos que se ubican más allá del fenómeno epidemiológico. Si los conquistadores españoles trajeron epidemias que favorecieron sus propósitos,  los esclavos africanos también trajeron la suya para escribir su propia historia. El virus de la fiebre amarilla y el mosquito de la especie Aedes transmisor de la enfermedad, llegaron de África en donde es endémica, en los barcos negreros, los esclavos africanos tenían mucha mayor resistencia a la infección que los indígenas nativos de las Antillas que nunca antes habían estado expuestos a esta enfermedad. El comercio triangular de seres humanos con Portugal, llevó la fiebre amarilla a las costas del sur de la Península y la trajo a los dominios españoles y portugueses; por esa razón cuando los esclavos de Haití se rebelaron contra Napoleón en 1804, la fiebre amarilla que encontró en el Caribe las condiciones idóneas para su transmisión, ocasionó que la gran mayoría de los soldados franceses enviados para someterlos, murieran víctimas de esta infección. La fiebre amarilla sería después protagonista de otros episodios en la historia de América.

Otra enfermedad vírica, aguda y febril y transmitida por el mismo vector es el Dengue, también endémica en Asia y África de donde se ha propagado a América Latina y los Estados Unidos siguiendo las oleadas de la incontenible migración sur-norte de seres humanos. La fiebre chikunguña es otra enfermedad febril causada por el virus del mismo nombre y que también es transmitida por el mismo vector. Su nombre deriva de la lengua africana makonde, grupo étnico del norte de Mozambique y sureste de Tanzania, lugar donde se documentó por vez primera un brote en 1953. A partir de entonces, el virus ha iniciado su propagación por países de África y Asia y en la primera década del siglo XXI, se identificó un brote en Italia; dada la amplia distribución de éstos vectores en América, toda la región es susceptible a la invasión y diseminación del virus chikunguña a partir de 2013, cuando se detectó un brote en el Caribe. Lo mismo sucede con la epidemia del momento, la fiebre zika. El virus zika es transmitido también por el mosquito de la especie Aedes portador de la fiebre amarilla, dengue y chikunguña. Fue descubierto en una selva de Uganda, llamada zika, en 1947 y aislado en un brote de una enfermedad febril en Brasil en abril de 2015. Las manifestaciones clínicas de zika son semejantes a las de Dengue y Chikunguña, pero de menor intensidad. Su aparición pareciera no representar mayor problema para los sistemas de salud de los países de nuestra América en donde se ha presentado, salvo que su aparición se ha relacionado con la presencia en Brasil, de un número elevado de nacimientos de niños con microcefalia en el noreste del país y de parálisis del tipo de Guillian Barre en adultos. Sin que hasta el momento se haya establecido la relación causal, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró que el brote de zika constituye "una emergencia de salud pública de importancia internacional”y ordenó se creara una unidad para establecer una respuesta global formal a la enfermedad.

Es evidente que la epidemia no se limitará a América Latina y que se difundirá hacia el norte del continente y a otras zonas del mundo donde la población no es inmune. Los mosquitos de la especie Aedes, demostraron desde hace 200 años que pueden arribar a la mayor parte de África y Asia, sur de Europa y Norteamérica, donde ya se han reportado casos importados.

En contraste con la fiebre amarilla que actualmente se encuentra controlada, Dengue, Chikunguña y Zica nos enseñan que nuevas epidemias han aparecido en lo que aparenta ser una interminable sucesión de epidemias en la historia de la humanidad. El estudio de las epidemias debe considerar el conjunto de los estados patológicos presentes en el seno de una población dada en un determinado periodo histórico, pues constituyen una realidad social compleja integrada por diferentes enfermedades que se encuentran influidas por los hábitos de cada población, una multitud de factores sobre los que actúan los propósitos ocultos del poder económico, político o social.

El virus zica, del que hasta el momento es más lo que se desconoce, parece haberse convertido en inesperado auxiliar en las estrategias de control de la natalidad en varios países de América Latina que han aconsejado a las mujeres posponer los embarazos.  Un grupo de activistas a favor del aborto, anunció que presentará una iniciativa para legalizar el aborto en casos de que se compruebe microcefalia. De manera demasiado simplista, las autoridades sanitarias de Estados Unidos han exhortado a usar condones o a la abstención sexual a aquellas personas que vivan o hayan viajado recientemente a zonas en las que está presente el virus del zika. Por su parte, los detentores del poder económico mundial también se han pronunciado a favor de participar en la lucha contra el zica; el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) apoyará a la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en la elaboración de un plan contra el virus del zika en América Latina. Los que también se frotan las manos son los grandes laboratorios productores de vacunas que ya declararon que la elaboración de una vacuna específica puede tardar hasta un año, por lo que el Presidente Obama envió a los técnicos de Estados Unidos a Brasil para determinar los pasos y el cronograma para el desarrollo de la probable vacuna. Todo lo anterior sucede al tiempo que la presidenta de Brasil se enfrenta a las protestas populares que amenazan desestabilizar su gobierno y a las que se ha unido la posibilidad de que varios gobiernos aconsejen a sus connacionales no viajar a Brasil que en seis meses realizará los Juegos Olímpicos, ocasión en la que se reunirán millones de personas y millones de mosquitos.

Zica expone la compleja realidad social en el momento histórico en que se encuentra no sólo Brasil sino toda América Latina, también expone el temor que ocasiona una epidemia en los países del norte. Países que sin dudarlo ofrecerán todo tipo de ayuda, no por su buena voluntad, sino por el riesgo que representa que la epidemia llegue y se propague en su territorio. Zica pone de manifiesto que la ley de pobres propuesta por Michel Foucault sigue vigente. Los países ricos también ven la posibilidad de obtener jugosas ganancias con los préstamos del BID y la inversión que representa el desarrollo de una vacuna, nuevos larvicidas y hasta mosquitos transgénicos. Dentro de toda la catarata de opiniones que se encuentra en los medios, sólo una parece congruente: la necesidad de mejorar las condiciones sanitarias de la población. Si el Aedes llegó hace dos siglos, es porque desde entonces la disponibilidad de agua limpia es insuficiente y la gente tiene recipientes con agua que son foco de reproducción de mosquitos. A las autoridades sanitarias también se les ha olvidado que el saneamiento ambiental y la eliminación de cacharros, representa una de las acciones más baratas de lucha contra el mosquito enemigo.

Imagen: passporthealthglobal.com

Dr. Gilberto Sebastián Sánchez Luna. Médico Cirujano egresado de la UNAM, Especialista en Medicina Familiar, Lic. en Historia y realizó una Maestría en Calidad en la Universidad Iberoamericana. E-mail: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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