La locura, la poesía y las musas (Artículo)
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La locura, la poesía y las musas
Enrique Canchola Martínez
Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa
Ciudad de México, México
10 de julio 2021
La Locura
En este ensayo no pretendo abordar la locura desde la perspectiva del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, porque parto de la hipótesis que la locura no es una enfermedad, sino más bien es una forma de construir las relaciones del espíritu humano con el mundo y la sociedad; a través del alarido estremecedor o del canto extraordinario que permiten las artes nos relacionamos con los fenómenos mentales y sociales, que son las partes del mundo y es donde transita la consciencia y la inconsciencia humanas.
La locura nos permite establecer esa continua relación especular de nuestra mente con el universo y desde la perspectiva de Jacques Marie Émile Lacan, (París, 13 de abril de 1901-París, 9 de septiembre de 1981), la locura es una dimensión fundamental sin la cual el hombre no podría ser entendido.
Por lo cual desde esta perspectiva, estar loco no es estar enfermo es más bien una forma de interpretar y decodificar las percepciones que recibimos a través de los órganos de los sentidos, que nos permiten construir la consciencia de un mundo propio interno y externo.
Por otra parte para Paul-Michel Foucault, (Poitiers, 15 de octubre de 1926-París, 25 de junio de 1984), la locura es un constructo social que refleja una forma de pensamiento y de conducta que la misma sociedad excluye y desde el punto de vista ontológico la locura es la manifestación de una necesidad imperiosa de crear nuevos espacios y conceptos donde el ser se pueda manifestar; finalmente según Martin Heidegger, (Messkirch, Baden-Wurtemberg; 26 de septiembre de 1889-Friburgo, Baden-Wurtemberg; 26 de mayo de 1976), la locura es la necesidad de la manifestación de las funciones del cuerpo y del espíritu, por lo que de acuerdo a lo anterior la locura es entonces un evento y una dimensión fundamental del ser humano que le permite una condición creadora.

La poesía
La poesía es un constructo cerebral, donde convergen la imagen mental y la palabra para crear las formas en que lo mágico y lo material interactúan e incluso, se reflejan entre sí. En la poesía las figuras del pensamiento representan la verdad espiritual y material que son captados por nuestros sentidos físicos y psíquicos que interactúan, se reflejan, se modulan y autoconstruyen. En relación con cada uno de estos sentidos, los sentidos físicos son los responsables de percibir la información del mundo y de enviarla al cerebro para que la analice, la decodifique y la mande a los sentidos psíquicos para que la consciencia tenga visión, audición, gusto, olfato y tacto, además de empatía e intuición psíquica, donde la mente tenga una encarnación divina y la razón se pierda en los encantos de la locura.
Porque como escribió Platón (Atenas 427-347 a. C) en Febro:
“Aquel, pues, que sin la locura de las musas acude a las puertas de la poesía, convencido de que como por arte, va a convertirse en un verdadero poeta, lo será imperfecto y la obra que sea capaz de crear, estando en su sano juicio, quedará oscurecida por la de los inspirados y posesos”.

Las musas
La mitología griega cuenta que las nueve musas, que eran divinidades femeninas, inspiradoras de creativas ideas, nacieron de los amoríos de nueve noches seguidas entre Zeus (el Dios del Cielo, el Dios de la Luz) y Mnemósine (la Diosa de la memoria) y a cada una de las musas se les asignó como las guardianas e inspiradoras de cada una de las disciplinas artísticas.
Para los griegos la poesía (poiesis, que significa crear o fabricar), era el arte más importante, pensaban que la poesía era la progenitora de todas las demás artes conocidas; por esa razón las nueve musas tienen relación con la poesía:
Calíope, musa de la elocuencia, la belleza y la poesía épica.
Clío, musa de la historia.
Erato, musa de la poesía lírica. Euterpe, musa de la música. Melpómene, musa de la tragedia.
Polimnia, musa de los cantos sagrados y la poesía sacra; el arte de la escritura, el silencio y la discreción.
Terpsícore, musa de la danza y la poesía coral.
Talía, musa de la comedia y la poesía bucólica.
Urania, musa de la astronomía, la poesía didáctica y las ciencias exactas.
Es importante considerar que las musas al apoderarse de un cerebro inspirado lo despiertan y lo llenan de un báquico viaje inspiratorio en las artes, que altera las neuronas y llena de locura el alma, sincronizando los pensamientos con la magia y la perfección de la creación poética y construyendo una consciencia encarnada y una neuro-fenomenología espiritual.

Lecturas
Lacan. J., Escritos. México, Editorial Siglo XXI, 2009
Foucault, M., Enfermedad mental y personalidad. Buenos Aires,
Paidós, 1979
Heidegger, M., Ser y tiempo. Chile, Editorial Universitaria,1997

Enrique Canchola Martínez
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