Gestión de las emociones evitaría que estas se desborden en épocas de crisis
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BOGOTÁ D. C., 08 de junio de 2021 — Agencia de Noticias UN-

La psicóloga Diana Rodríguez, de la División de Acompañamiento Integral de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), considera problemático que la emoción tienda a verse como una debilidad o falta de racionalidad en el día a día, y recalca que las emociones no son ni buenas ni malas: se podrían entender como semáforos que van indicando qué hacer y cómo reaccionar ante las situaciones, por lo que es importante aprender a comunicarlas desde la niñez.

“Las emociones son innatas, responden a elementos químicos del cerebro conocidos como neurotransmisores, y según la teoría de las emociones básicas –propuesta por Paul Ekman– una persona puede sentir ira, alegría, sorpresa, asco, tristeza y miedo”, indica.

El estado de ánimo y los sentimientos aparecen cuando la persona le pone un juicio a la situación que está viviendo y la asocia con una emoción. Si por ejemplo tiene un examen o debe entregar un informe puede sentir miedo y el cuerpo reacciona, pero si lo ve como un reto eso hace que tenga un juicio distinto y cambia la ansiedad por optimismo, interés u orgullo por haberlo logrado.

“El estado de ánimo es como la banda sonora de una película, está permanentemente de fondo; por ejemplo, alguien puede sentir tristeza, pero gracias a la gestión emocional logra convivir con ese estado de ánimo permanente y también reírse, enojarse, llorar o tener muchos cambios de emoción”. Así lo explicó la psicóloga durante un taller de manejo de las emociones organizado por la División de Acompañamiento de la UNAL, y agregó que cuando no hay una gestión efectiva el estado de ánimo se desborda y genera problemas mayores.

La clave para saber cómo reaccionar es saber cómo se siente, cuál es la emoción y cuál el sentimiento; no es lo mismo sentirse reacio, odioso, vulnerable, aislado, valiente, enérgico, perplejo, aterrado, agobiado, inútil, apenado, furioso o celoso, y por lo tanto la manera de manejarlo también será distinta.

Malestar emocional

Que las emociones lleguen a desbordarse y dar pie al malestar emocional se puede entender porque estas tienen una función y se adaptan según el contexto. Si alguien siente rabia, o está enojado, y se le pide que se calme, lo que se intenta es bloquear el sentimiento y no lo invita a gestionarlo. Socialmente esos sentimientos se relacionan con la violencia, pero eso ocurre por una mala gestión; lo mismo pasa con el miedo: es un mecanismo de sobrevivencia, pero desbordado genera ansiedad y estrés permanente.

La psicóloga Rodríguez menciona 4 razones del malestar: la primera es lo meramente biológico, es decir si no ha dormido o comido bien, si está enfermo, no ha tomado suficiente agua, no ha recibido el sol, falta de actividad física, la no modulación de los neurotransmisores, etc.

La segunda es no saber con claridad la razón qué origina la nostalgia, tristeza, rabia o felicidad; en ocasiones la persona asume que está claro, pero en el momento quizás no lo es. Una recomendación para gestionarlo es escribir 10 situaciones que producen las emociones, tangibles o no, como por ejemplo que un ratón le produce miedo, la muerte da tristeza, o comer cierto alimento da felicidad.

La tercera es que la persona puede saber qué pasa pero se niega a reconocerlo; por ejemplo, que sepa que le teme a contagiarse por el nuevo coronavirus pero no lo comunique e incluso evite hablar de eso.

La cuarta es que reconozca la emoción pero no sabe qué hacer; ahí se deben fortalecer las herramientas para afrontar situaciones, como la muerte de alguien cercano por el nuevo coronavirus, con el apoyo psicoterapéutico oportuno.

Para la especialista, “la tristeza nos ayuda a reorganizar, comprender, reflexionar y hacer un paréntesis necesario: no puedo cambiar el virus ni una muerte, me corresponde reorganizar mis motivaciones y conceptos”.

Por último, recomienda que cuando alguien tiene sentimientos de tristeza no decirle frases como “eres muy negativo”, “es cuestión de voluntad”, “no llores”, “no es para tanto”. Es posible que la persona ya lo sepa pero eso no evita lo que está sintiendo, es mejor decirle “estoy a tu lado”, “te escucho”, “cómo te sientes”. Hay que recordar que el dolor es inevitable, los cambios de la vida lo generan y hay que compartir las cargas para tomar acciones y que ese dolor no se transforme en sufrimiento.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co
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